El domingo 6 de septiembre al mediodía, la salida de Óscar Arriola ya parecía inminente. Durante la mañana se había hablado de una renovada estrategia. Y hasta la presidenta parecía darle el beneficio de la duda al comandante general de la PNP. Sin embargo, la presión del presidente del Consejo de Ministros se hizo sentir. El pedido fue explícito: la cabeza de Arriola a cambio de suavizar a la oposición y lograr que aprueben la delegación de facultades.
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