La nueva exposición de Ricardo Córdova en La Galería merece interés por varias razones. Se trata de uno de los pintores más sólidos formados dentro de la tradición arequipeña contemporánea. Y esa identidad, tan definida, hace de su obra un caso singular dentro del arte peruano. Inauguración 12 de agosto.
Durante más de cuarenta años, Ricardo Córdova ha desarrollado una investigación alrededor de la luz, la arquitectura y el espacio interior. Esas han sido las constantes de una obra que nunca ha dependido de las modas ni de las tendencias.
Hace aproximadamente una década su pintura comenzó a cambiar. Al principio, los cuadros, que dialogan con el expresionismo abstracto de los años cincuenta, aparecían en los interiores como un elemento más de la composición. Poco a poco fueron ocupando un lugar cada vez más importante hasta convertirse en el verdadero protagonista de la escena.

La luz como protagonista en la obra de Ricardo Córdova
La pintura de Ricardo Córdova ha cambiado también por la manera en que hoy representa la luz. Ya no se trata únicamente de alumbrar un interior. La extraordinaria luminosidad de Arequipa descompone la arquitectura hasta convertirla en grandes planos de color.
Quizá esos cuadros que aparecen dentro de sus pinturas no provengan únicamente del expresionismo abstracto. También parecen nacer de una experiencia cotidiana: la manera en que el resplandor transforma el paisaje visto desde la ventana en una sucesión de formas y colores que parecen prolongarse naturalmente en la pintura.
En la exposición anterior Ricardo Córdova incorporó por primera vez figuras femeninas a unos interiores que durante muchos años habían permanecido deshabitados. Ese cambio continúa ahora. Las mujeres observan un cuadro, permanecen frente a una ventana o trabajan silenciosamente en el taller.
Casi nunca vemos sus rostros. No cuentan una historia; representan, más bien, una actitud frente al acto de crear.

La contemplación como eje de la nueva exposición
En el texto que acompaña la muestra se habla de un "voyeurismo creativo". Personalmente creo que ocurre algo diferente. No se trata de invadir la intimidad ajena, sino de compartir un estado de contemplación.
Esas mujeres funcionan como intermediarias entre el espectador y la pintura. Miran para que nosotros las miremos y, al hacerlo, aprendamos también a mirar.
Córdova pertenece a ese reducido grupo de pintores que han reflexionado sobre su oficio desde la práctica y desde la investigación académica. Un doctorado no convierte a nadie en mejor pintor, pero sí revela una voluntad poco frecuente de pensar la pintura.
A ello se suman más de dos décadas de docencia en la Universidad Nacional de San Agustín. Ambas experiencias han enriquecido una obra que siempre ha buscado mucho más que resolver cuestiones formales.

Ricardo Córdova y el desafío permanente de la creación
Cuando un artista resuelve un problema comienza otro mucho más difícil: mantener viva la dimensión erótica de la mirada que ha caracterizado a los grandes pintores.
Ese desafío nunca desaparece. Todo verdadero creador necesita, tarde o temprano, volver a ponerse en riesgo.
Por eso, las mejores pinturas de esta exposición son también las más contenidas. Basta un muro, una ventana, una silla o un fragmento del cuerpo para que aparezca aquello que, considero, interesa a Ricardo Córdova: la contemplación.
La mayor fuerza de esta exposición no reside en la pintura dentro de la pintura, sino en los momentos en que todos sus elementos encuentran un equilibrio.
Los mejores cuadros son también los que menos elementos necesitan. No porque sean más simples, sino porque condensan todo aquello que el artista ha construido a lo largo de su trayectoria.
Vasari decía que la verdadera madurez de un creador comienza cuando es capaz de dejar atrás aquello que ya domina. No porque reniegue de su pasado, sino porque ya no necesita demostrarlo.

Ricardo Córdova posee el oficio y la experiencia indispensables para emprender una nueva etapa de su pintura. Sabe que la verdadera prueba de un artista no consiste únicamente en encontrar una forma de mirar, sino en mantener viva la intensidad de esa mirada.
Su mayor desafío consiste ahora en descubrir hasta dónde ese lenguaje puede seguir expandiéndose o, de lo contrario, regresar a la juventud con la sabiduría de los años vividos.
Es un gran artista y tiene la capacidad de lograrlo.