Las intensas lluvias que afectan a Chile desde hace varios días han provocado una de las mayores emergencias climáticas de los últimos años. El balance oficial asciende a cinco fallecidos, cuatro desaparecidos, 17 heridos y cerca de 100 000 personas aisladas, mientras los daños materiales se multiplican en distintas zonas del país.
El temporal ha golpeado con especial fuerza las regiones de Coquimbo, Atacama y La Araucanía, donde ríos desbordados, deslizamientos de tierra y cortes de caminos han dificultado las labores de rescate. Según el Servicio Nacional de Prevención y Respuesta ante Desastres (Senapred), 2205 personas resultaron damnificadas y 1179 permanecen en albergues. Además, 35 viviendas fueron destruidas, más de un millar presentan daños graves y otras 14 000 sufrieron afectaciones menores.
Ante la magnitud de la emergencia, el presidente José Antonio Kast decretó el estado de catástrofe para toda la región de Coquimbo y la provincia de Huasco, en Atacama, medida que permite desplegar a las Fuerzas Armadas en apoyo de las tareas de emergencia y agilizar la distribución de ayuda.
El subsecretario del Interior, Máximo Pavez, calificó las precipitaciones como "anormales y extremas", al señalar que el volumen de agua caída superó ampliamente las previsiones. Las autoridades meteorológicas mantienen la alerta en diez de las dieciséis regiones del país y prevén que el sistema frontal continúe avanzando hacia la zona central, incluida Santiago, donde persiste la incertidumbre sobre la suspensión de clases y nuevas medidas preventivas.
La emergencia ha vuelto a poner en evidencia la vulnerabilidad de la infraestructura frente a eventos climáticos cada vez más intensos y la necesidad de reforzar los sistemas de prevención y respuesta ante desastres en un país acostumbrado a enfrentar fenómenos naturales, pero cada vez más expuesto a eventos meteorológicos extremos.