Perú y el cobre ¿proyectos mineros estancados? La electrificación de las economías, el avance de los vehículos eléctricos y la transición energética han disparado una demanda que crece a ritmos poco habituales. En ese escenario, el Perú aparece —al menos en el papel— como uno de los grandes ganadores. Sin embargo, en la práctica, la historia es distinta.
A pesar de contar con una de las carteras de proyectos más atractivas de la región, el país no logra traducir ese potencial en producción real. La razón no está en la falta de recursos ni en la ausencia de interés del mercado, sino en un problema más estructural: la ejecución. Proyectos que deberían estar en marcha continúan estancados o avanzan a un ritmo que no responde a la urgencia global.
Perú y el cobre ¿proyectos mineros estancados? El contexto internacional no da tregua. Otros países compiten activamente por captar inversiones y acelerar el desarrollo de nuevas minas, mientras el Perú arrastra retrasos que van desde trabas administrativas hasta conflictos sociales y falta de decisiones políticas claras. El resultado es una paradoja: mientras el cobre se vuelve cada vez más estratégico, el país que podría aprovecharlo mejor sigue sin dar el salto.
A esto se suma un cambio en la propia industria. En el Simposio Encuentro Nacional de Minería informaron que el día de hoy desarrollar proyectos mineros es más complejo, más costoso y más lento que hace una década. Esto exige mayor capacidad de gestión, estabilidad regulatoria y visión de largo plazo. Sin esos elementos, incluso los proyectos más rentables pueden quedar atrapados en el papel.
El riesgo es evidente. Si el Perú no acelera la ejecución de su cartera minera, podría perder una ventana histórica de crecimiento. No se trata solo de exportaciones o inversión extranjera, sino de impacto en empleo, ingresos fiscales y competitividad económica.