No son los textos, sino sus envolturas. Las carátulas de las Obras completas de José Carlos Mariátegui —esa figura fundacional del pensamiento marxista latinoamericano— son el punto de partida de Contra / Portada, la exhibición que inaugura este jueves 7 de mayo a las 18:30 en la Galería Fórum, bajo la autoría de la artista Micaela Aljovín y la curaduría de Gustavo Buntinx.
La muestra se inscribe, inevitablemente, en una coyuntura marcada por las polarizaciones que atraviesan al país. Pero su gesto no es directo ni panfletario: Aljovín opta por intervenir los íconos que dieron circulación masiva a la obra de Mariátegui. Aquellas ediciones póstumas —con tirajes que superaron los cientos de miles— desplegaron un imaginario visual diverso, condensado en una veintena de portadas que recogían las principales corrientes artísticas del Perú de mediados del siglo XX.
Ese repertorio no es aquí reinterpretado, sino desarmado. Por un lado, una serie de pinturas elimina toda referencia figurativa o textual de las carátulas originales, reduciéndolas a composiciones abstractas donde subsisten únicamente el color y el formato. Significantes vaciados, liberados —o despojados— de su carga ideológica.

En el extremo opuesto, los ceramios recuperan precisamente aquello que las pinturas niegan: símbolos, figuras, emblemas —la cantuta, el torillo, el amauta— que reaparecen en una instalación de resonancia inquietante. La operación es doble: borrar y devolver, abstraer y materializar.
La curaduría propone una lectura filosófica de este dispositivo. La muestra funciona como una suerte de cámara oscura o caverna platónica, donde las imágenes y sus ausencias interrogan las formas en que la ideología modela la mirada. Entre Marx, Platón y Derrida, el recorrido sugiere que no hay representación inocente.
En otra de las piezas centrales, los veinte tomos de las Obras completas son redistribuidos en módulos acrílicos que no terminan de encajar entre sí. Un rompecabezas incompleto que remite a un país fragmentado, aún incapaz de articularse como totalidad. “Una arquitectura visual donde cada libro deja de ser una unidad cerrada”, señala Aljovín, “para volverse parte de una urdimbre mayor, aunque todavía irresuelta”.
Contra / Portada no propone una conclusión. Más bien abre una fisura: entre lo que vemos y lo que creemos ver, entre la imagen y su ideología, entre el archivo y su relectura. En ese intersticio —hecho de vacíos y resonancias— se juega su apuesta más ambiciosa. Repensar el país, incluso, desde sus fragmentos.