Del 23 al 26 de abril, en la Casa Prado de Miraflores, Pinta Lima 2026 volvió a medirle el pulso a la escena contemporánea con cifras que ya no sorprenden, pero sí confirman tendencia: más de 16.000 visitantes, 46 galerías —cerca del 70% extranjeras— y un clima de ventas que apunta a la consolidación de un mercado en expansión. En un país donde el arte contemporáneo ha tenido históricamente circuitos fragmentados, la feria se reafirma como plataforma de articulación entre lo local y lo global.
Bajo la dirección artística global de Irene Gelfman y con el patrocinio de EFG como Global Lead Partner, la edición 2026 apostó por un modelo curatorial múltiple. RADAR, a cargo de Ilaria Conti, puso el acento en prácticas procesuales y abiertas, donde la obra dialoga con su entorno; NEXT, curada por Juan Canela, dirigió la mirada hacia escenas emergentes atravesadas por debates sobre identidad, memoria y territorio; mientras que el Special Project —codirigido por Gelfman y Florencia Portocarrero— se concentró en nuevas sensibilidades dentro del circuito contemporáneo. A ello se sumó un proyecto dedicado a Carlos Runcie Tanaka, que operó como puente entre legado y circulación internacional.
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Foros y reconocimientos en Pinta Lima 2026
El FORO, coordinado por Miguel A. López, funcionó como un eje paralelo de pensamiento. Más de diez conversatorios y una treintena de invitados internacionales —entre ellos Alexia Tala, Melanie Roumiguière, Patrick Charpenel y Sol Henaro— discutieron desde la circulación global de obras hasta el rol de las instituciones en un ecosistema en transformación. La feria, en ese sentido, no solo exhibe: también produce discurso.
En el terreno de los reconocimientos, el Premio SURA al mejor stand de la sección NEXT fue para la galería Mahara & Co, destacada por la solidez conceptual de su propuesta. El Premio Estímulo de Audi en la sección RADAR se otorgó, de manera excepcional, a dos artistas —Florencia Levy y Roxana Ramos— en una decisión que evidenció la densidad de las propuestas. Hubo además menciones como la de Faber-Castell, que distinguió a un artista participante y reconoció a Ana de Alvear (Espacio Valverde). En paralelo, el Fondo de Adquisición de Fundación Pinta junto al MALI incorporó obras de Verovcha, Mariela Segundo y Gaudencia Yupari Quispe, reforzando el vínculo entre feria e институционidad.
Más allá de los premios, el termómetro más preciso sigue siendo el interés sostenido de coleccionistas locales e internacionales. La presencia de delegaciones diplomáticas, cámaras de comercio e instituciones culturales —desde el Goethe-Institut hasta diversas embajadas—, junto con un programa de visitas guiadas y recorridos por la ciudad, amplió el alcance de la feria hacia redes de influencia que trascienden el mercado.
“Hay una recomposición de la escena local, muy vibrante, con espacios jóvenes y un renovado interés por artistas vinculados a comunidades tradicionales”, señalaban desde la galería Livia Benavídez, en una lectura que coincide con el creciente reconocimiento internacional de prácticas antes periféricas.
El crecimiento de Pinta Lima no es solo cuantitativo. La feria empieza a ocupar un lugar simbólico: el de una bisagra entre circuitos, generaciones y geografías. En ese cruce, Lima se perfila —todavía con tensiones— como una capital cultural en construcción. Y el arte contemporáneo peruano, lejos de ser una promesa, comienza a consolidarse como interlocutor regional.