Once años después, Mac DeMarco volvió a aparecer frente al público peruano sin hacer demasiado ruido. Caminó sobre el escenario de Costa 21 pasadas las nueve de la noche luciendo un bigote, con una gorra nueva —la anterior, traída a Lima, había sido robada en el aeropuerto—, una camisa desgastada arremangada, pantalones con reflectores fosforescentes que recordaban a la vestimenta de los obreros y unas Vans rojas que terminaban de darle forma a ese descuido tan suyo. Antes, Mi Amigo Invencible había dejado al público en alto. Después, bastó la presencia del canadiense para confirmar que la noche se movería entre la ternura y el desorden.
Esta vez, Mac DeMarco llegó girando alrededor del mundo con Guitar (2025), un álbum de tintes más serios y secos, pero no por eso menos dulce. El lanzamiento retrata una nueva época del canadiense, ahora alejado del bullicio de la ciudad, instalado junto a su novia en una casa cerca de un lago y dedicado, cuando las giras se lo permiten, a “habilidades prácticas” como construir pozos, aprender técnicas agrícolas y trabajar en fontanería por placer. Si antes su mito parecía levantarse sobre la dejadez juvenil, ahora su encanto aparece en otra forma de rareza un poco más madura: la de un músico que camina en sus treintas hacia lo doméstico sin abandonar el desenfado.
Tras presentar brevemente a la banda que tocó con él durante esta gira mundial, empezó fuerte con Shining, una de las canciones más populares de su último álbum. Coloridos y psicodélicos mosaicos de 8 bits se deformaban en la pantalla con el transcurrir del show. A continuación, For the First Time empezó a marcar el ritmo. Las cabezas de los asistentes se movían suavemente al ritmo de los lentos beats de las primeras canciones. “Lima! Are you crazy?”, gritó tras las primeras canciones con su característica voz aguda burlona, que alternaba con su voz grave y solemne, también burlona.
El público estuvo a tono, entregado a ese trance psicodélico que muchos sienten cuando escuchan su música, con alguna ayuda química de por medio. Llegaba un clásico como Salad Days y los coros agarraron más cuerpo en los “La la la”.
En On the Level, la atmósfera fue más sublime y la gente se entregó. A pesar del estilo apacible de su música, Mac DeMarco es un gran showman. En distintos momentos mostró sus dotes con movimientos poco convencionales, pero comunes en sus performances.
Caminó como pingüino y como gigante de manera exagerada, hizo acrobacias con el cable del micrófono, agitó suavemente los brazos por lo alto invitando al público a seguirlo y, sin motivo aparente, en medio del espectáculo dijo: “Do you want a fucking trick?”, que fue seguido por una parada de manos de unos cinco segundos. “Are you scared? Don’t be scared baby”, dijo también con voz más grave y rasposa en otro momento.
La bajada de la Costa Verde, iluminada por las luces rosas y celestes, dejó ver una tenue serpiente de personas que disfrutaron el show de lejos. Incluso algunos miembros del staff del recinto se deleitaron con la suavidad de la música.
Pasada la hora del concierto, unos fans le alcanzaron una bandera de Perú con su cara en ella, regalo acompañado por una botella de nuestra característica e infaltable Inca Kola, gesto que recibió con mucha calidez.
Freaking Out the Neighborhood fue tal vez la canción más movida de la noche. La cadencia del público pasó de la calma al pequeño desborde. Algunos headbangs y saltos en el público acompañaron al éxito del álbum 2 (2012).
Moonlight in the River indicaba que la cita estaba llegando a su fin. Fue entonces que la banda regaló un outro extendido que duró unos minutos. Al concierto le faltaba su canción más popular y llegó a continuación.
Chamber of Reflection fue abriéndose paso entre la audiencia como niebla. Mac no dejó de moverse al ritmo de la música, despidiendo una presentación de pulso sensible y acabando con un “See you later. God bless you”. Pero faltaba algo. La gente no estuvo conforme y empezó a vocear la clásica alocución: “otra, otra, otra”. Las luces aún no se prendían para indicar el acceso a la salida del recinto, así que era difícil creerle.
Tras un minuto de la gente aclamándolo, volvió con la banda para decir “¿una más?” en español con su vocecita. No pasó mucho antes de que sonara My Kind of Woman, momento en el que las parejas presentes aprovecharon para abrazarse, hablarse al oído y dejar fluir su amor.
Acabado ese clásico, la gente ya estaba satisfecha. Pero Mac quería dejar por todo lo alto la gira de Guitar, que terminaba esa noche en Lima. Así que, sin pensarlo, la banda le dio chance al público peruano de cerrar bien este extenso recorrido, que incluyó a países como Japón, Alemania y Reino Unido. "One, two, one, two, three, four" y empezó a sonar nuevamente Freaking Out the Neighborhood, pero esta vez solo como instrumental.
Los saltos volvieron, el público tuvo su última oportunidad de perder el control y algunos empezaron a grabar los pocos minutos o acaso segundos que le quedaban a la gira.
Pero ese instrumental, que apuntaba a durar unos pocos compases, se extendió por trece minutos. Algunos asistentes decidieron abandonar Costa 21 antes de que terminara para evitar el mar de gente. Otros se deleitaron con la gran capacidad de improvisación de la banda. Acabado el show, arrojaron una guitarra al público y rompieron el bajo. Este gesto rockstar culminó con la extensa presentación de Mac DeMarco, que hipnotizó por dos horas al público de Costa 21 y deja la puerta abierta a recibirlo más adelante con un nuevo álbum, una nueva gira y, por qué no, una nueva profesión.