En el relato más repetido, la madre puede con todo. Trabaja, organiza la casa, acompaña en las tareas, cuida, contiene y encima lo hace con una serenidad casi obligatoria. Pero, fuera de esa postal, muchas viven una presión constante por llegar a todo y una culpa que se instala incluso cuando ya están sosteniendo demasiado. “En nuestro contexto, hay una expectativa familiar y social que aún espera mucho más de la mamá que del papá”, advierte la psicóloga infantojuvenil Jimena Cárdenas Ríos. Y ese desequilibrio no es menor. Según la Encuesta nacional de uso del tiempo 2024, del INEI, las mujeres dedican más tiempo que los hombres al trabajo doméstico y de cuidados no remunerado, una brecha que sigue marcando la rutina de los hogares peruanos.
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