El director Ricky Pashkus llega a Lima con una obra que, en sus manos, evita el golpe fácil y se concentra en una zona más incómoda, donde los afectos se deforman. Reconocido en Argentina por títulos como Mamma Mia y Pretty Woman, el director cambia aquí de registro sin perder una idea central de su trabajo: que la emoción nunca está separada del cuerpo. “La forma que tenemos no es algo separado del contenido, sino que lo revela”, dice sobre La Ballena, la pieza de Samuel D.
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