En el primer debate presidencial, Fernando Olivera arremetió contra César Acuña. Lo acusó de tener relaciones con la familia Sánchez Paredes, investigada por presuntamente estar vinculada al narcotráfico. Al lenguaraz Olivera solo le bastó un minuto para pulverizar al patriarca de los Acuña con acusaciones tan gruesas como que lidera una organización criminal, que lava dinero del narcotráfico en sus universidades y que obliga a sus alumnos a participar de sus mítines bajo amenaza de ser expulsados.
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