Tras culminar los debates electorales auspiciados por el JNE, la sensación que nos queda a muchos peruanos es agridulce. Entre el desfile de aproximadamente treinta aspirantes a la presidencia, fuimos testigos de la ligereza en las formas y carencias de verdaderos estadistas. Si bien algunos puntos mostraron cierto consenso —como la necesidad de una reforma policial profunda, fortalecer el programa Beca 18 o fomentar el empleo juvenil— poco o nada se dijo sobre cómo lograr y financiar toda esta oferta electoral.
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