Por Kate Juárez Román
En entrevistas con CARETAS, los analistas internacionales Juan Carlos Ladines y José Saldaña Cuba advierten que la construcción del muro en la frontera Perú-Chile, como el endurecimiento de sanciones migratorias, no solo tendrían un impacto en las relaciones diplomáticas, sino que podrían trasladar la presión hacia Perú, exponiendo la falta de preparación.
Juan Carlos Ladines explica que la frontera de Chile ya contaba con mecanismos de control antes del anuncio del muro, incluyendo zonas minadas en el desierto heredadas de conflictos pasados, donde incluso se han registrado accidentes en años recientes.
En ese sentido, sostiene que la nueva infraestructura no introduce un cambio sustancial en el control del territorio, sino que refuerza y hace más visible una frontera que ya operaba bajo lógica de seguridad y vigilancia militar.
Sin embargo, advierte un contraste clave: mientras Chile acumula capas de control —infraestructura, legislación y presencia militar—, del lado de Perú el despliegue es más limitado, con un número reducido de efectivos en la zona fronteriza, lo que evidencia una capacidad de respuesta menor frente a un posible aumento de presión migratoria.
Ambos analistas coinciden en un punto central: la existencia del muro no modifica de manera estructural el control del flujo migratorio, pero sí expone una brecha en la capacidad de control entre ambos países.
Posible riesgo de un “efecto embudo”
José Saldaña introduce uno de los puntos más críticos del escenario: el impacto indirecto que podrían tener en Perú las nuevas medidas adoptadas por Chile.
Advierte que la combinación de expulsiones más agresivas y la criminalización del ingreso irregular no necesariamente reducirá el flujo migratorio, sino que podría alterar su dinámica. En particular, señala que se generaría lo que denomina un “efecto globo” o “embudo”.
Este fenómeno implicaría que migrantes en tránsito, muchos de los cuales no tenían como destino final el Perú, queden atrapados en zonas fronterizas, al no poder avanzar hacia Chile ni retornar fácilmente a sus países de origen. “Se van a quedar atrapadas cantidades de personas que no pretendían quedarse en Perú”, advierte.
Por su parte, Juan Carlos Ladines complementa este escenario al señalar que aún no existe claridad sobre cómo se implementarían en la práctica las medidas de expulsión. Esta falta de precisión abre la posibilidad de que se generen retornos informales hacia territorio peruano, incrementando la presión en la frontera.
Ambos coinciden en que este escenario no solo trasladaría el problema migratorio, sino que podría intensificarlo en el lado peruano, generando mayor presión social en ciudades fronterizas, incremento de la informalidad y riesgos de una crisis humanitaria en zonas de tránsito.
Muro en la frontera Perú-Chile: el país “no está preparado” para un retorno migratorio
José Saldaña es enfático al evaluar la situación interna de Perú frente a este escenario: el país no cuenta con la capacidad para enfrentar un eventual retorno masivo de migrantes desde Chile. Sin embargo, el problema no es únicamente de recursos, sino de gestión y falta de planificación ante un fenómeno que podría intensificarse en el corto plazo.
El analista advierte que, sin una estrategia clara, el Perú podría verse desbordado en zonas fronterizas, especialmente si se materializa el escenario de acumulación de migrantes en tránsito.
Por su parte, Juan Carlos Ladines complementa este diagnóstico al señalar que la ausencia de una política definida sobre cómo manejar la población migrante agrava el problema, particularmente frente a posibles decisiones unilaterales adoptadas por Chile. Además, alerta sobre limitaciones estructurales en el control fronterizo, como la capacidad operativa reducida en la zona y riesgos asociados a prácticas irregulares en los controles, lo que debilita aún más la respuesta del Estado.
Ambos coinciden en que, en estas condiciones, cualquier incremento de presión migratoria no solo pondría a prueba la capacidad institucional, sino que podría superar rápidamente los mecanismos actuales de respuesta.
Falta de coordinación entre Perú y Chile
Para ambos analistas, el problema de fondo no es la infraestructura en la frontera, sino la ausencia de coordinación efectiva entre Perú y Chile para enfrentar un fenómeno que es, por naturaleza, compartido.
José Saldaña advierte que la adopción de medidas unilaterales, como deportaciones masivas o reformas legales sin articulación previa, podría no solo trasladar el problema, sino también escalarlo a nivel diplomático.
En ese contexto, alerta sobre el riesgo de que se genere un “impasse muy grande” entre ambos países si no se establecen canales de coordinación claros.
Por su parte, Juan Carlos Ladines refuerza esta lectura al señalar que actualmente no existen mecanismos operativos definidos para gestionar la situación en conjunto. En particular, menciona la falta de herramientas para gestionar flujos migratorios en tránsito, coordinar procesos de reubicación o retorno y articular respuestas conjuntas ante escenarios de crisis
Esta ausencia de planificación compartida se refleja, además, en la falta de desarrollo de iniciativas como corredores humanitarios, que podrían mitigar el impacto en zonas fronterizas.
Ambos coinciden en que, sin una estrategia bilateral, cualquier medida aplicada de forma aislada no resolverá el problema, sino que tenderá a desplazarlo y profundizar sus efectos en el corto plazo.
El muro en la frontera Perú-Chile: una estrategia política más que una necesidad operativa
Los especialistas coinciden en que la construcción del muro responde más a una lógica política que a una solución efectiva.
José Saldaña señala que el gobierno de Chile no solo plantea una política de expulsiones más agresiva, que compara con medidas aplicadas en otros contextos internacionales, sino que además ha impulsado un paquete de reformas legislativas, incluyendo una posible reforma constitucional.
El punto más crítico, advierte, es que el ingreso irregular dejaría de ser una falta administrativa para convertirse en un delito penal, lo que implicaría sanciones de cárcel para migrantes que crucen la frontera sin documentos. “Ya no solamente es una falta administrativa (…) lo está estableciendo como un delito”, enfatiza.
Sin embargo, el analista introduce un elemento clave en el debate: la migración irregular ya venía disminuyendo en Chile sin necesidad de estas medidas más drásticas.
En ese sentido, sostiene que el endurecimiento legal y la visibilidad del muro responden más a una estrategia política que a una necesidad operativa urgente, poniendo en duda su efectividad real frente a un fenómeno que, según indica, ya mostraba señales de desaceleración.
Pérdida de fronteras pacíficas
Juan Carlos Ladines advierte que Perú está perdiendo uno de sus principales activos históricos: la estabilidad de sus fronteras. Durante años, el país se caracterizó por mantener límites definidos y sin conflictos activos, lo que representaba una ventaja geopolítica frente a otros escenarios regionales más tensionados.
Sin embargo, señala que el surgimiento de nuevas presiones en la frontera sur, sumado a la falta de una estrategia clara, ha comenzado a debilitar esa posición.
A este diagnóstico se suma José Saldaña, quien enfatiza que el problema no solo es externo, sino también interno. Advierte que el Perú enfrenta un escenario de fronteras porosas, con múltiples puntos de ingreso sin control efectivo, lo que limita la capacidad del Estado para gestionar el tránsito migratorio.
Esta debilidad estructural, agrega, se ve agravada por la inestabilidad política, que dificulta la implementación de políticas sostenidas en el tiempo.
Ambos analistas coinciden en que, en estas condiciones, el país no solo pierde capacidad de control, sino también margen de maniobra a nivel regional, en un contexto donde espacios de coordinación como la Alianza del Pacífico han perdido peso como plataforma para articular respuestas conjuntas.
Más allá del muro y del endurecimiento de las leyes en Chile, los analistas coinciden en que el problema de fondo no se resolverá con medidas aisladas: la migración no desaparece, se desplaza. En ese escenario, Perú enfrenta el riesgo de absorber una presión que no ha generado, sin contar aún con la capacidad, planificación ni coordinación necesarias para gestionarla, lo que podría convertir la frontera sur en un punto crítico tanto a nivel humanitario como político.