A las cinco de la mañana suena la alarma. No hay nada brillante en ese momento. Daniela Ganoza ya sabe que le espera lo que ella misma llama “una patada de 24 horas sin dormir” cuando se trata de cualquier gala de premiaciones. Antes del vestido y el maquillaje están las credenciales, los correos, los ID. “Si no mandas el driver’s license, no te dejan entrar”, dice. A las once y media está en la alfombra; al mediodía la encierran en el área de prensa, descrita como un cuadrado del que no puede salir hasta que comiencen a desfilar actores y directores.
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