La política peruana no perdona descuidos. Un gesto inesperado, una frase mal calculada o una información filtrada pueden sepultar campañas enteras, transformar favoritos en derrotados y redefinir la historia electoral de un país. Desde el legendario “bacalao” de Alberto Fujimori en 1990 hasta los escándalos académicos de César Acuña, cada tropiezo ha dejado lecciones imborrables sobre percepción pública, ética y manejo de imagen. Con más de 27,3 millones de votantes habilitados para las elecciones de 2026, la advertencia es contundente: la estrategia, la coherencia y el control mediático son las verdaderas armas de un candidato, y quien las subestime arriesga no solo la victoria, sino la memoria y confianza del electorado.
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