Los riñones trabajan las 24 horas del día, los siete días de la semana, cumpliendo funciones esenciales para la vida. Filtran la sangre, eliminan toxinas y desechos a través de la orina, regulan la presión arterial, equilibran los niveles de líquidos y electrolitos, y contribuyen al fortalecimiento de los huesos mediante la activación de la vitamina D. Sin embargo, pese a su importancia, suelen ser uno de los órganos más descuidados hasta que aparecen complicaciones graves.
Desde el Ministerio de Salud (Minsa), se ha reiterado la necesidad de adoptar hábitos saludables para prevenir la enfermedad renal crónica, una condición que afecta a miles de peruanos y que, en muchos casos, se detecta cuando ya se encuentra en etapas avanzadas.
La hidratación como primera línea de defensa
Una de las principales recomendaciones del Minsa es mantener una adecuada hidratación diaria. El consumo de entre seis y siete vasos de agua al día —equivalente a aproximadamente 1.5 a 2 litros— permite que los riñones realicen correctamente su función de filtrado y eliminación de toxinas.
La falta de agua obliga a los riñones a trabajar con mayor esfuerzo, lo que incrementa el riesgo de cálculos renales, infecciones urinarias y deterioro progresivo de la función renal. Por el contrario, una hidratación constante ayuda a mantener el equilibrio del organismo y reduce la concentración de sustancias nocivas en la sangre.
Alimentación saludable y menos sal
La buena alimentación es otro pilar fundamental para el cuidado renal. El Minsa recomienda reducir el consumo de sal y de alimentos ultraprocesados, que suelen tener altos niveles de sodio, grasas saturadas y aditivos que sobrecargan el trabajo de los riñones.
En su lugar, se aconseja priorizar una dieta rica en frutas, verduras, granos enteros y alimentos frescos. Estos aportan fibra, vitaminas y minerales que contribuyen al buen funcionamiento del organismo y ayudan a controlar factores de riesgo como la hipertensión arterial y la diabetes, las principales causas de enfermedad renal crónica.
Evitar la automedicación y controlar enfermedades crónicas
Uno de los errores más frecuentes es la automedicación indiscriminada, especialmente con analgésicos y antiinflamatorios, que pueden causar daño renal si se consumen de manera prolongada o sin supervisión médica. El Minsa advierte que ningún medicamento debe tomarse de forma habitual sin indicación profesional.
Asimismo, el control adecuado de enfermedades crónicas como la hipertensión arterial y la diabetes es clave para prevenir el deterioro renal. Mantener niveles de presión y glucosa dentro de rangos saludables reduce significativamente el riesgo de daño progresivo en los riñones.
El impacto del tabaco y el sedentarismo
El cirujano urólogo Andrés Uribe, especialista del Hospital Nacional Dos de Mayo, explicó que fumar es un factor de riesgo importante para la salud renal. El tabaco reduce el flujo sanguíneo hacia los riñones, limitando su capacidad para funcionar correctamente y acelerando el daño en personas con enfermedades preexistentes.
Por otro lado, mantenerse activo mediante la práctica regular de ejercicio contribuye a regular la presión arterial, controlar el peso corporal y mejorar la circulación sanguínea. No se trata de actividades de alta exigencia, sino de incorporar hábitos como caminar, montar bicicleta o realizar ejercicios moderados de forma constante.
Una enfermedad silenciosa
Uno de los mayores peligros de la enfermedad renal es que suele avanzar sin síntomas evidentes en sus primeras etapas. “Los riñones no presentan señales tempranas de alarma; cuando aparecen los síntomas, la enfermedad ya puede estar avanzada”, advirtió el doctor Uribe.
Por esta razón, los chequeos médicos periódicos son fundamentales, especialmente en personas con factores de riesgo como antecedentes familiares, hipertensión, diabetes, obesidad o consumo prolongado de medicamentos. Un simple análisis de sangre y orina puede detectar alteraciones a tiempo y evitar complicaciones mayores.
Cuando el daño es irreversible
En los casos más severos, cuando ambos riñones dejan de funcionar adecuadamente, los pacientes requieren terapia de reemplazo renal. La diálisis permite filtrar la sangre de manera artificial, mientras que el trasplante renal representa, en muchos casos, la mejor alternativa para recuperar calidad de vida.
No obstante, estos tratamientos implican un alto costo emocional, físico y económico, tanto para los pacientes como para sus familias. De ahí la importancia de la prevención y del diagnóstico temprano como herramientas clave de salud pública.
Prevención: hábitos simples, resultados duraderos
El mensaje del Ministerio de Salud es claro: cuidar los riñones no requiere medidas complejas, sino la adopción de hábitos simples y sostenidos en el tiempo. Beber agua pura, llevar una alimentación equilibrada, evitar el tabaco, realizar actividad física y acudir a controles médicos periódicos puede marcar la diferencia entre una vida saludable y una enfermedad crónica.
La salud renal es un componente esencial del bienestar general. Protegerla desde hoy no solo previene complicaciones futuras, sino que garantiza una mejor calidad de vida a largo plazo.