La ciudad de Arequipa volvió a enfrentar una emergencia por lluvias. Este domingo, la torrentera Chullo se desbordó nuevamente a la altura del sector de Tahuaycani, generando el ingreso de lodo, agua y piedras a calles, avenidas y viviendas ubicadas en zonas bajas de la ciudad. Aunque en el área urbana las precipitaciones fueron leves, las lluvias intensas registradas en las partes altas activaron quebradas y elevaron el caudal de la torrentera.
En cuestión de minutos, la corriente descendió con fuerza desde sectores cercanos al volcán Chachani, atravesando zonas de Cerro Colorado y el límite con Cayma, arrastrando objetos, socavando vías y generando temor entre los vecinos, que observaron cómo el agua ingresaba a sus viviendas y cubría pasos peatonales.
Lluvias en zonas altas activaron quebradas
De acuerdo con testimonios recogidos en la zona, las precipitaciones más intensas se registraron en distritos como Mariano Melgar, Paucarpata y Alto Selva Alegre, donde la lluvia cayó con fuerza durante intervalos de veinte a treinta minutos. Ese volumen de agua fue suficiente para activar quebradas que alimentan la torrentera Chullo, cuyo cauce desemboca finalmente en el río Chili, en el distrito de Sachaca.
Aunque en el centro de la ciudad no se reportaron lluvias significativas, la acumulación en las zonas altas volvió a demostrar la vulnerabilidad de Arequipa frente a eventos climáticos localizados, capaces de generar huaicos con alto poder destructivo en áreas urbanizadas.
Tahuaycani y urbanizaciones afectadas
El desborde repitió escenas ya vistas en días previos. Sectores como Los Ángeles de Cayma, Mirasol, Santa Elisa y áreas de Cerro Viejo volvieron a quedar inundados. Vecinos relataron que el agua derribó muros de contención y avanzó por pasajes interiores. “No hay muro ya”, señaló un residente al mostrar una pared colapsada por la fuerza del caudal.
En Tahuaycani, la corriente avanzó por la vía pública con una velocidad capaz de desplazar vehículos. Testigos afirmaron que el flujo de agua y lodo era “lo suficientemente fuerte para arrastrar hasta un auto”, lo que generó pánico entre quienes intentaban proteger sus viviendas y retirar pertenencias.
Puentes en riesgo y tránsito restringido
Uno de los puntos más críticos se registró en el puente Pancho Fierro, que conecta Cerro Colorado con Cayma. El agua llegó a pasar por encima de la estructura, lo que obligó a restringir el tránsito peatonal por razones de seguridad. Vecinos advirtieron que el puente podría colapsar debido a la presión del caudal y al socavamiento del terreno.
En otros pasos peatonales cercanos, la corriente también cubrió completamente la superficie. En algunos tramos, el nivel del agua superó el metro de altura, dejando el asfalto debilitado y aumentando el riesgo de hundimientos para peatones y conductores.

Viviendas dañadas y colapso de estructuras
Más abajo del puente Pancho Fierro, residentes reportaron el colapso de al menos tres viviendas, luego de que la torrentera abriera paso por sectores donde antes existían muros de contención. En el complejo deportivo de Cerro Viejo, el huaico rompió rejas e inundó canchas, dejando el campo de fútbol completamente cubierto de barro.
En Los Ángeles de Cayma, el agua ingresó a casas y cocheras. Pese a los intentos de los vecinos por contener la corriente con sacos de arena, el lodo superó las barreras improvisadas y se acumuló en el interior de los inmuebles, alcanzando varios centímetros de espesor.
Una torrentera cada vez más estrecha
Especialistas y vecinos coincidieron en que uno de los factores que agrava estos desbordes es la reducción del ancho natural del cauce en zonas urbanizadas. Mientras en las partes altas la torrentera alcanza hasta cincuenta metros de ancho, en áreas consolidadas se estrecha a menos de cinco, lo que favorece que el agua se desborde cuando el volumen aumenta.
Al cierre de la jornada, el nivel del caudal descendió, pero quedaron daños visibles en muros, vías y viviendas. El lodo cubrió calles y espacios públicos, y los vecinos de Tahuaycani volvieron a enfrentar las consecuencias de una torrentera que, una vez más, puso en evidencia la fragilidad de la ciudad frente a lluvias intensas en las zonas altas.