Alianza Lima tiene siete puntos de nueve posibles en el Torneo Apertura, pero el ambiente en Matute no es del agrado de los hinchas. La prematura eliminación de la Copa Libertadores ha dejado una herida abierta que la dirigencia ya no pretende curar con paciencia, sino con cirugía. Aunque el gerente deportivo, Franco Navarro, ha salido a poner el pecho por el proceso argentino, en los pasillos íntimos la unanimidad se ha hecho trizas y hasta los acreedores más influyentes miran de reojo el banquillo.
El partido de este viernes ante Sport Boys en el Alejandro Villanueva ha dejado de ser un simple cotejo para convertirse en un juicio sumario. Ya no basta con sumar de a tres; se exige una identidad de juego que hoy brilla por su ausencia y que logre reconciliar al equipo con una hinchada impaciente.
Si el resultado o la forma decepcionan ante la «Misilera», el club ya tiene activado su plan de contingencia. El nombre de Wilmar Valencia, actual director de menores y viejo conocido de la casa tras sus pasos en 2005 y 2013, suena con fuerza para asumir un interinato. Valencia representa la opción inmediata para apagar el incendio y estabilizar un barco que, pese a los puntos, parece haber perdido la brújula en medio de la tempestad.