El Pleno del Congreso dio un paso decisivo este martes al aprobar la admisión a debate de la primera moción de censura contra el presidente encargado, José Jerí. Con una votación a mano alzada que registró 71 votos a favor, 18 en contra y 4 abstenciones, el Parlamento superó ampliamente la mayoría requerida para oficializar el proceso que podría terminar con la salida del mandatario de la Casa de Pizarro.
La sustentación estuvo a cargo de la congresista Ruth Luque (Bloque Democrático Popular), quien enfatizó que existen indicios razonables de presunto tráfico de influencias y reuniones clandestinas en el entorno presidencial. Luque calificó la situación como «absolutamente irregular e incompatible con el cargo», señalando que la dignidad de la Presidencia de la República se encuentra comprometida por las recientes revelaciones de contratos irregulares y vuelos oficiales cuestionados.
Agenda cerrada y el descarte de la vacancia
La sesión, dirigida por el presidente del Congreso, Fernando Rospigliosi, se llevó a cabo bajo un régimen de agenda cerrada en el auditorio José Faustino Sánchez Carrión. Rospigliosi fue enfático al precisar que, de acuerdo con la convocatoria, esta jornada extraordinaria se centra exclusivamente en las mociones de censura.
Pese a la expectativa de diversos sectores, la Mesa Directiva descartó que en esta sesión se debata la moción de vacancia presidencial. Según explicó el titular del Legislativo, de no prosperar la censura en los próximos días, la vacancia recién sería evaluada en marzo, coincidiendo con el inicio de la nueva legislatura ordinaria. Esta precisión técnica posterga, por el momento, el uso de la figura de incapacidad moral contra Jerí.
La ausencia de Jerí y el escenario de sucesión
Por su parte, el mandatario José Jerí confirmó que no asistiría al hemiciclo para ejercer su defensa, argumentando que el procedimiento de censura, a diferencia de la vacancia, no contempla constitucionalmente la presencia del afectado ante el Pleno. Jerí exhortó al Congreso a actuar con «responsabilidad» y evitar profundizar la inestabilidad política, recordando que el país se encuentra en pleno proceso para las elecciones generales de abril.
En caso de que el Pleno apruebe finalmente la censura, se activaría un mecanismo de sucesión inmediata: el Congreso debería elegir a un nuevo presidente del Parlamento, quien asumiría automáticamente la Presidencia de la República. Este escenario mantiene en vilo a la ciudadanía y a los mercados, ante la posibilidad de que el Perú sume un nuevo gobernante en menos de un año, a solo semanas de que los peruanos acudan a las urnas.