Constancia antes que épica
La vida urbana no suele dejar espacio para el plan perfecto. Deja huecos de veinte minutos antes del trabajo, una caminata entre reuniones, la escalera que reemplaza al ascensor, el trayecto que se alarga porque el bus no llega. Ahí aparece el fitness urbano como una estrategia para ganar energía, fuerza y salud en un entorno que insiste en quitarlas. La base es simple y poco glamorosa: constancia. Más que una sesión épica, importa repetir lo que sí cabe. Dos o tres entrenamientos de fuerza a la semana —cortos, de cuerpo completo— construyen un cuerpo útil para cargar mochila, estar de pie, caminar rápido y sostener jornadas largas. Los movimientos que más rinden son los básicos: sentadilla, bisagra, empujes, jalones y planchas. Si el gimnasio está lleno o no existe, se reemplaza con mancuernas, bandas o el propio peso, sin drama.
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