Desde Ayacucho, José Luna Gálvez, líder de Podemos Perú, aseguró que su partido sigue consolidando presencia en las preferencias electorales y confió en crecer en las próximas semanas. “Ya no pueden ocultarnos”, afirmó, en un discurso que combina proselitismo con crítica directa al presidente José Jerí, en el marco de la polémica por reuniones fuera de agenda con un empresario chino.
Respaldo a la vacancia y cuestionamientos a Jerí
Luna Gálvez no dudó en respaldar públicamente el pedido de vacancia presidencial contra José Jerí y pidió que “dé un paso al costado y se vaya”. Sin embargo, su intervención plantea interrogantes sobre la conveniencia de un pronunciamiento político tan directo de un candidato que, a su vez, busca capitalizar réditos electorales de la crisis. La mezcla de campaña y presión política abre el debate sobre la ética de la participación de candidatos en procesos institucionales en curso.
Autonomía congresal: ¿mensaje contradictorio?
Aunque Luna Gálvez aseguró que los congresistas de su bancada decidirán “con autonomía y según sus convicciones personales”, esta declaración puede leerse como un intento de deslindarse de posibles consecuencias políticas, mientras refuerza su postura personal y mediática. La separación entre discurso proselitista y real independencia congresal queda en entredicho, considerando la presencia activa de su partido en el Congreso y la historia de influencia de Podemos Perú en decisiones legislativas.
Mitin en Ayacucho y fortalecimiento de la estructura electoral
Durante su visita a Ayacucho, Luna Gálvez estuvo acompañado por su plancha presidencial y los candidatos al Congreso por la región, en una jornada que buscó consolidar la estructura nacional de Podemos Perú. Su énfasis en la presencia territorial y la “primera fuerza en Lima” apunta a un mensaje estratégico: proyectar fuerza electoral frente a rivales que critican la supuesta opacidad de su partido y la ambición política de su líder.
Reflexión crítica sobre su estrategia
El posicionamiento de Luna Gálvez refleja una táctica calculada: capitalizar la crisis política para reforzar su imagen de líder nacional, mientras evita comprometer a sus congresistas. Sin embargo, la estrategia también evidencia riesgos: la mezcla de campaña con pronunciamientos institucionales puede ser percibida como oportunismo y podría generar cuestionamientos sobre la ética y la coherencia de su liderazgo, especialmente en un contexto de fragilidad política y desconfianza ciudadana.