La Embajada de Estados Unidos en el Perú saludó oficialmente la juramentación de Bernardo “Bernie” Navarro como nuevo embajador estadounidense en Lima, un cargo clave en el actual escenario de las relaciones bilaterales.
A través de sus redes sociales, la misión diplomática informó: “Muchas felicidades al embajador Bernie Navarro, quien fue juramentado hoy en Washington D. C. por el secretario de Estado, Marco Rubio. Esperamos darle la bienvenida en Lima para continuar fortaleciendo, bajo su liderazgo, los lazos entre nuestras naciones”.
Navarro reemplazará a Stephanie Syptak-Ramanath y asumirá funciones en Lima en las próximas semanas.
Un perfil disruptivo en la diplomacia regional
En medio de un giro marcado en los perfiles diplomáticos de Estados Unidos en América Latina, la designación de Bernie Navarro responde a la línea impulsada por la administración Trump II. Empresario vinculado a los sectores inmobiliario y financiero, Navarro forma parte del influyente círculo cubano-americano de Miami, encabezado por el secretario de Estado Marco Rubio, hoy figura central de la política estadounidense hacia la región.
Además de su trayectoria empresarial, Navarro cuenta con experiencia en educación superior y políticas de calidad educativa, respaldada por una sólida formación académica. Su nombramiento no responde a una coyuntura bilateral específica, sino que se inscribe en una estrategia regional más amplia.
Casos similares se observan en México, con Ronald Johnson —ex boina verde y ex CIA—; en Argentina, con Peter Lamelas, médico y empresario de origen cubano; en Chile, con Brandon Judd, ex patrullero fronterizo y misionero mormón; y en Panamá, con Kevin Cabrera, joven dirigente republicano del condado de Miami-Dade. En Colombia, la designación de Daniel Newlin quedó entrampada por la tensión bilateral.
Seguridad, China y alineamientos
Para Washington, el Perú ocupa un lugar sensible en un contexto donde se busca mayor alineamiento político y cooperación en seguridad. La preocupación por el megapuerto de Chancay y la creciente presencia de China es un tema prioritario en la agenda estadounidense, como quedó claro en las conversaciones sostenidas en Washington en abril de 2025 con autoridades peruanas, en torno a la eventual compra de aviones F-16 y el proyecto de un puerto espacial en el norte del país.
Estas inquietudes ya habían sido planteadas en 2024 por Mauricio Claver-Carone, enviado especial del Departamento de Estado para América Latina, y derivaron incluso en comentarios públicos de la presidenta Dina Boluarte durante su visita a Nueva York, al señalar que la inauguración del puerto “no le había gustado mucho” al presidente Trump.
Más recientemente, el diálogo telefónico entre Marco Rubio y el presidente José Jerí (30 de octubre) se centró en cooperación en seguridad, crimen organizado y narcotráfico. La posible reanudación de la interdicción aérea no letal abriría la puerta a nuevas transferencias de equipos y tecnología, con impacto también en la lucha contra la minería ilegal y el fortalecimiento de la inteligencia financiera.
Poder blando en un entorno securitizado
Si bien la agenda de seguridad domina el vínculo bilateral, el perfil de Navarro sugiere que la educación, el comercio y el intercambio académico podrían jugar un rol relevante como instrumentos de soft power, dentro de una estrategia regional cada vez más securitizada.
Este relevo diplomático se produce, además, tras la salida de Stephanie Syptak-Ramanath, quien asumió recientemente un puesto clave como asesora de política exterior y relaciones intrahemisféricas del Comando Sur (SOUTHCOM), liderado por el almirante Alvin Holsey. Durante su gestión en Lima, la Policía Nacional del Perú recibió, en diciembre de 2024, nueve helicópteros UH-60 Black Hawk para la lucha antidrogas, donación impulsada por el exembajador Brian Nichols.