La inseguridad en el Callao no da tregua. En una madrugada marcada por la violencia, dos hombres fueron asesinados en ataques de sicariato ocurridos en puntos distintos del primer puerto. En total, los peritos de criminalística recolectaron más de 25 casquillos de bala, evidenciando la ferocidad de las bandas criminales que operan en la zona pese a la vigencia del estado de emergencia.
El primer homicidio se registró en el jirón Vigil. Según los informes policiales, la víctima detectó la presencia de un sospechoso cerca de su vivienda e intentó refugiarse en su vehículo estacionado. Sin embargo, el atacante abrió fuego de manera inmediata, disparando una ráfaga que atravesó la carrocería y las lunas del auto. El hombre falleció de forma instantánea en el asiento del conductor; en el lugar se hallaron al menos 10 casquillos de proyectil.
Ataque en reunión familiar
Poco después, un segundo hecho de sangre conmocionó al asentamiento humano San Juan Bosco. En el cruce de las calles Villarrica y Nauta, Armando Valle Rosales (29) fue interceptado por sicarios mientras compartía con amigos y familiares en el frontis de su casa.
Testigos indicaron que los atacantes llegaron a bordo de una motocicleta y dispararon sin mediar palabra. Aunque Valle Rosales intentó ingresar a su domicilio para protegerse, fue alcanzado por los proyectiles en el umbral de la puerta. En esta escena, la Policía Nacional del Perú (PNP) contabilizó más de 15 casquillos, además de encontrar botellas y mobiliario disperso que daban cuenta del pánico desatado durante la reunión.
Hipótesis policial
Debido a la crueldad de los ataques y a que las pertenencias de ambas víctimas permanecieron intactas, la Policía Nacional maneja como principal hipótesis el ajuste de cuentas. Las unidades de investigación criminal trabajan en la identificación de las motocicletas utilizadas y el análisis de las cámaras de seguridad cercanas para dar con el paradero de los responsables.
Estos crímenes ocurren en un contexto de creciente presión ciudadana hacia el Ejecutivo, ante el incremento de la criminalidad organizada y el sicariato que no se detiene a pesar de las medidas de excepción dispuestas en el primer puerto.