Por: Eduardo Bruce
Antes de asumir su mandato en La Moneda, José Antonio Kast ya delineaba el alcance de su influencia regional. Mediante una gira relámpago, sus acciones han dejado entrever con claridad cuáles serán sus aliados y prioridades en el escenario sudamericano: una derecha dura, la seguridad como estandarte y la migración como enemigo común.
Primer paso: alianza estratégica con Milei en Argentina
El 16 de diciembre, apenas unos días después de ser elegido, Kast viajó a Buenos Aires para su primer encuentro oficial con Javier Milei, el economista libertario que representa el auge del desencanto antisistema. Esta afinidad ideológica no solo era previsible, sino también estratégica. Ambos presidentes anunciaron una “hoja de ruta” conjunta enfocada en seguridad fronteriza, combate al crimen organizado y libertad de mercado. Más que un gesto diplomático, este encuentro sentó las bases de un nuevo bloque conservador que pretende posicionarse como contrapeso ante el progresismo liderado por Petro y Lula. La elección de Argentina como primer destino fue, en efecto, una declaración de intenciones frente a las alianzas progresistas de la región.
Segundo destino: cooperación funcional con Noboa en Ecuador
Después de Buenos Aires, Kast llegó a Quito el 23 de diciembre para reunirse con el presidente Daniel Noboa, un liberal que enfrenta desafíos similares: la crisis de seguridad ciudadana y la amenaza del crimen organizado. En este caso, la retórica dejó de lado la ideología y se centró en la cooperación técnica, inteligencia y gestión migratoria. El mensaje fue claro: Kast no busca únicamente aliados ideológicos, sino también socios pragmáticos con quienes fortalecer la frontera sur y avanzar en acuerdos sobre un corredor humanitario para migrantes venezolanos entre Ecuador y Perú, anticipando la necesidad de negociar con un Perú particularmente preocupado por la repatriación de venezolanos.
Tercera parada: diálogo operativo con Jerí en Perú
La última escala de la gira, hasta el momento, fue Lima, donde Kast se reunió con el presidente interino José Jerí. Más allá de los protocolos, la reunión tuvo un tono operativo, abordando temas como la migración venezolana, el crimen transfronterizo y el comercio binacional. El resultado fue la propuesta de crear un gabinete binacional permanente, una medida que, aunque cosmética, busca fortalecer la colaboración entre ambos países.
El orden de las visitas y los objetivos de Kast
El itinerario de Kast no fue casual: Milei, Noboa y luego Jerí. Este patrón revela su interés por articular un bloque de gobiernos de derecha con agendas alineadas, incluso antes de asumir la presidencia. Kast parece aspirar a liderar un bloque conservador en el cono sur, presentándose ante Perú con una posición clara sobre sus ambiciones internacionales. Seguridad y migración se consolidan como ejes transversales de su discurso, abordados en cada país como amenazas compartidas. Su objetivo va más allá de encontrar soluciones; busca posicionarse como el portavoz regional de una nueva narrativa de orden.
La estrategia de Kast se basa en una diplomacia de anticipación que le permite tomar la iniciativa en la región antes de comenzar oficialmente su mandato. Queda por ver si esta táctica resistirá la turbulencia interna de Chile y la inestabilidad de sus socios, pero por ahora, el eje del sur conservador ya tiene un mapa, protagonistas y un enemigo común. Perú ha sido el tercer país en esta ruta; el futuro próximo dirá qué nuevas alianzas o desafíos surgirán.