La cosecha de uvas es 100% manual. Queirolo utiliza Quebranta, Italia, Torontel, Negra Criolla y Moscatel. Se riegan por sistema de goteo.
La cosecha de uvas es 100% manual. Queirolo utiliza Quebranta, Italia, Torontel, Negra Criolla y Moscatel. Se riegan por sistema de goteo.
Edición 2586: Jueves, 11 de Abril de 2019

Vivir la Vid

Santiago Queirolo renueva su planta en Ica y da cátedra en la singular elaboración de vino y pisco.

La cosecha de uvas es 100% manual. Queirolo utiliza Quebranta, Italia, Torontel, Negra Criolla y Moscatel. Se riegan por sistema de goteo.
La cosecha de uvas es 100% manual. Queirolo utiliza Quebranta, Italia, Torontel, Negra Criolla y Moscatel. Se riegan por sistema de goteo.

Por lo menos tres hombres maniobran bajo el arco de ingreso del Hotel Viñas Queirolo, en Ica. El sol todavía no destapa pero ya llegaron los nuevos –y enormes– equipos para la planta de fabricación que funciona allí mismo. “Son 12 tanques para fermentación con temperatura controlada”, precisa con su voz ronca Santiago Queirolo. Lo cuenta desde una de las mesas del hotel, rodeado, en total, de más de 500 hectáreas de vid destinadas a la elaboración de vinos y piscos de la marca.

“Los vinos peruanos han mejorado mucho”, dice Queirolo.
“Los vinos peruanos han mejorado mucho”, dice Queirolo.

En el 2003 arrancó el cultivo de las plantas traídas en buena parte desde Francia, previa asesoría para la adquisición de terrenos de los enólogos galos Jacques Blouin y Edmundo Bordeu. El monitoreo está a cargo del ingeniero agrónomo Jorge Queirolo, hermano de Santiago. “Lo más importante es haber regresado a lo natural”, destaca. Se refiere, entre otras cosas, al uso de avispas como controladores biológicos de la uva, método mucho más eficiente y ecoamigable que cualquier químico. Parte de la labor de Jorge es medir los niveles de alcohol que va a dar el fruto. Una vez que se alcanza la cifra deseada, según la variedad a la que esté destinada, se cosecha.

Se separan las ramas de la uva para preparar el mosto.
Se separan las ramas de la uva para preparar el mosto.

Años más tarde, en el 2009, se lanzó la marca Intipalka. Y en el 2012 se inauguró el hotel bajo la premisa de ser una atractiva y novedosa propuesta enoturística. Hoy cuenta con 89 habitaciones con vista de ensueño. Hay piscina, áreas de recreación, zona para fogatas y una calma sobrecogedora. Y hay, también, un espacio que alberga la planta pisquera de Queirolo. Allí es adonde llega la uva de los viñedos que rodean el hotel luego de la cosecha. Es 100% manual. En Queirolo trabajan con las uvas Quebranta, Italia, Torontel, Negra Criolla y Moscatel. El riego, por su parte, se hace con un cuidadoso sistema de goteo que asegura el ahorro de agua. Por cierto, la empresa está a punto de inaugurar una planta para reutilizar toda el agua empleada durante el proceso de fabricación.

Luego fermenta en tanques de última generación con temperatura controlada.
Luego fermenta en tanques de última generación con temperatura controlada.
Luego de ser separada de sus ramas, la uva pasa a una moderna prensa para obtener el mosto (jugo de uva). En el siguiente paso se utilizan los enormes tanques de fermentación. Estos son calibrados con la temperatura idónea y cuentan con un sistema de bombeo para la oxigenación del producto. En todo momento son monitoreados por los ingenieros a cargo. Posteriormente pasa a las falcas o alambiques, de donde se obtiene el destilado. Recién se le puede llamar pisco tras tres meses de reposo en un envase neutro que antes eran las botijas.

Intipalka Chardonnay 2018, medalla de oro en el Vinalies International de Francia.
Intipalka Chardonnay 2018, medalla de oro en el Vinalies International de Francia.
La planta de Ica es pisquera, pero sus uvas alimentan a la de Pachacámac, donde también se fabrican vinos. Entre la amplia gama de productos de Queirolo destaca el Intipalka Mosto Verde Torontel, Best in show and Double Gold Medal en el San Francisco Spirits Competition de este año; y el Intipalka Chardonnay 2018, medalla de oro en el Vinalies International de Francia. Parte de la filosofía de la empresa familiar –como todavía sigue siendo– es acabar con la creencia de que en el Perú no se hacen buenos vinos. Por eso que la mira está puesta en “lograr la calidad total y seguir mejorando la producción de vinos”, adelanta Santiago Queirolo, quien además es un férreo defensor de la denominación de nuestra bebida de bandera. “El pisco es peruano, no hay vuelta que darle”, sentencia. Y nos invita a brindar con él.