Llega y ya hay movimiento a su alrededor. La peinan, la maquillan, el salón que ella misma fundó, D’Art Salón, vibra con esa energía específica que generan las personas que saben exactamente quiénes son. Alejandra Baigorria se sienta frente al espejo, concentrada, y cuando empieza a responder lo hace con el mismo desenfado con el que lleva años parada frente a cámaras, micrófonos y opiniones ajenas. La vida mediática puede ser agotadora, pero también ayuda a desarrollar cierta indiferencia a comentarios malintencionados o vacíos.
Viene de semanas movidas. Las noticias sobre su vida siempre acumulan titulares cuando abre negocios, habla de su relación o simplemente anuncia su deseo de ser mamá. Pero todo fluye como si nada. O, mejor dicho, como siempre.
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