Edición 2554: Miércoles, 29 de Agosto de 2018

Vientres de Alquiler

El país ha recibido con mucha expectativa el anuncio presidencial sobre la reforma política, tema que los gobiernos precedentes habían ignorado con los enormes costos que ello ha supuesto.

Y el conjunto de las reformas apunta a asegurar una institucionalidad que permita salvaguardar la democracia, le facilite al Perú una clase política sólidamente formada y nos permita superar la crisis de representación que desafortunadamente caracteriza a nuestro país.

Sin embargo, hay una reforma que constituye una verdadera asignatura pendiente y que debería ser, necesariamente, la madre de todas las reformas. Es decir, sin ella, todo lo demás puede ser accesorio.
Si comparamos la vida democrática de un país con un campeonato de fútbol, está claro que resulta indispensable definir las reglas de juego, tamaño de la cancha, arbitraje, etc. Pero tan importante como eso es definir quíénes pueden participar en el campeonato, bajo qué condiciones se ingresa a esa liga y cuáles son las reglas para el ascenso a primera división y el descenso a segunda.

Y peor no podríamos estar, ya que en nuestro campeonato participan solamente aquellos partidos o agrupaciones que se inscribieron con el viejo requisito de 150 mil firmas con la única excepción de una agrupación que lo ha hecho con la normativa actual de 4% del universo electoral por lo que, dicho sea de paso, afronta severos cuestionamientos de credibilidad.

Resulta que la ley vigente ahora exige presentar cerca de 800 mil firmas limpias, para lo cual habría que recaudar tal vez un millón y medio. Y para que el lector tenga una idea, 800 mil firmas equivalen a unas veinte veces el Estadio Nacional totalmente repleto de gente, lo que tiene un tufillo de broma de mal gusto. Es una cifra inalcanzable.

No se necesita ser muy zahorí para comprender que el cambio se hizo para poner un candado en el campeonato de modo que nadie suba y nadie descienda bloqueando así el ingreso de otros participantes. Y lo más grave es que los más de veinte equipos que se mantienen vigentes carecen en su gran mayoría de la más mínima representación popular.

Pero lo que sí tienen es una franquicia, en muchos casos con un propietario unipersonal, que logran mantener de por vida absteniéndose de participar en los procesos electorales o retirándose de los mismos con la complacencia de las autoridades del caso. Es el crimen perfecto.

Así, los candidatos potenciales que carecen de esa irracional ley de la ventaja se ven obligados a buscar vientres para participar, con lo cual comprometen su independencia a un costo político y, a veces económico, pues no hay vientres gratuitos. Todo alquiler se paga.

Como no podemos, no debemos, hablar de reforma sin arreglar este oprobioso asunto, es indispensable que se incluya un mecanismo para solucionar este dislate abusivo y permitir que se restaure con precisión el inalienable derecho del pueblo a organizar su vida institucional.

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