Edición 2552: Jueves, 16 de Agosto de 2018

Congresistas los de mis Tiempos

Se sabía desde hace mucho que la reforma política no podía seguir remitida a las calendas griegas y que era necesario coger al toro por las astas. Y es que, ciertamente, los gobiernos que alcanzaron el poder a partir de 2001 demostraron poco interés en generar los cambios y asumir los costos que eso implicaría. Con ello, se embalsó una situación que tarde o temprano haría crisis.

Por eso es que las iniciativas recientes del Poder Ejecutivo no solo no han caído en saco roto sino que han concitado gran interés y expectativa ciudadana ya que por fin, ante la inmovilidad, se le hinca el diente a un asunto muy ligado a la supervivencia misma del sistema democrático.

Sobre la urgencia del retorno a la bicameralidad (lo que equivale al retorno a la normalidad) nos hemos ocupado varias veces recalcando que el Perú y Venezuela son los únicos países del mundo Occidental con un tamaño y población significativos que tienen Congresos unicamerales, gestados ambos durante los gobiernos de Fujimori y Chávez, respectivamente.

Pero parecería necesario reflexionar ahora sobre el número de parlamentarios en un futuro congreso bicameral, tema que no es poca cosa dado que este asunto parece haberse instalado en la opinión pública y es susceptible de maniobrarse políticamente cuando, por el contrario, se trata de un tema estrictamente técnico.

Para empezar, la lógica de la cantidad de parlamentarios debe tener, en toda democracia, relación directa con la representación popular y el número de habitantes. Y por eso no suelen ser números redondos.

En consecuencia, siendo el Perú un país de más de 32 millones y habiéndose propuesto que el número de los futuros Diputados y Senadores ascienda a 130 (para no superar a los actuales congresistas), resulta que cada parlamentario debería representar a cerca de 250 mil peruanos, con lo que se corre el riesgo de tener un parlamento a modo de un cenáculo exclusivo en el que la ciudadanía no tiene arte ni parte.

Eso puede mantener la ruptura del principio de representación y distanciar al ciudadano de la institución parlamentaria. Además, el Perú no hace más que crecer y tiene gran cantidad de asuntos que deben merecer el interés, eso sí, de personas preparadas intelectual y éticamente.

Si el tema es económico, los sueldos de los futuros Diputados y Senadores podrían adecuarse a la nueva realidad o, en todo caso, al presupuesto general del Congreso que supera largamente los sueldos de sus titulares.

Por eso, es tal vez más importante que la ciudadanía resuelva a través de un referendo el tema mismo de la bicameralidad, junto con las otras propuestas, y que el número de parlamentarios surja, más bien, de un debate técnico y pausado que cuente con la opinión de distintos especialistas y permita procesar con precisión los requerimientos de la realidad y de un poder legislativo capaz de encarar las exigencias del futuro. 

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