Edición 2540: Jueves, 24 de Mayo de 2018

Pedro Cardenal Barreto

Escribe: Harold Forsyth |

Tengo la suerte de ser amigo de monseñor Pedro Barreto Jimeno y de admirar, como muchos, su extraordinaria labor al frente del arzobispado de Huancayo, en la Conferencia Episcopal Latinoamericana (Celam), en la Red Eclesial Panamazónica (Repam) y en la Conferencia Episcopal peruana.

Y no se necesita ser católico o ni siquiera creyente para reconocer la entrega de un hombre al servicio de los demás y auténticamente consagrado a las grandes metas colectivas de la sociedad peruana. Hay en su conducta, ciertamente, una clara interpretación de los Evangelios y un férreo compromiso en favor de lo que San Juan Pablo II llamaba “la opción preferencial por los pobres”.

He sido testigo de excepción de la férrea defensa de Monseñor Barreto de las comunidades mineras cuyo medio ambiente y derechos humanos eran abusados consistentemente y de la credibilidad que tiene fuera del Perú producto, evidentemente, de una trayectoria valiente e indomitable.

Se trata, entonces, de un prelado cuya obra nos trasciende y encarna valores sociales como la caridad y la solidaridad, tan venidos a menos en los últimos tiempos en que la mala fe y las prácticas que le son inherentes parecen haberse instalado en nuestro país con hechos que saltan a la vista.
Por todo ello nos honra la decisión del papa Francisco de designar cardenal al arzobispo Barreto en lo que significa una clara voluntad papal de abrir ventanas y refrescar las opciones del catolicismo en un país donde la fe en esa Iglesia no hace más que retroceder.

Y la designación de un segundo cardenal peruano, el quinto de nuestra historia, es una buena oportunidad para que reflexionemos sobre el rol de la Iglesia Católica en la defensa de los derechos humanos y la necesidad que tiene el Perú de contar con un episcopado comprometido con las mejores causas sociales. Los obispos venezolanos son, en ese sentido, un extraordinario ejemplo de valentía y consecuencia.

Y es que la defensa de los derechos humanos debería convocarnos a todos sin excepción y es penoso que habiéndose afirmado en la mayor parte del mundo aún no terminemos de procesar bien su significado y sigan siendo objeto de resistencias conceptuales que denotan una profunda ignorancia. Por eso necesitamos a la Iglesia y esto no tiene nada que ver ni con derecha ni con izquierda.
Se registran, en ese sentido, avances notables y podemos decir que nuestra Conferencia Episcopal, de la cual monseñor Barreto es vicepresidente, está claramente alineada al lado del pueblo.

Inevitable será que sectores radicales en la clase política y en la prensa vean con alarma la designación de un nuevo cardenal peruano identificado con ideas que, seguramente, van a contracorriente del Perú que imaginan. Pero el futuro cardenal Barreto, inevitablemente, se encargará de señalarnos el camino correcto. 

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