Edición 2526: Jueves, 15 de Febrero de 2018

Por qué la Corte IDH

Escribe: Harold Forsyth |

Las tendencias políticas, económicas y sociales que caracterizan al mundo de nuestros días llegan tarde a nuestro país y no se procesan adecuadamente. La actividad empresarial del Estado, por ejemplo, sufrió un enorme desprestigio en todas partes desde los años setenta pero en el Perú se mantuvo incólume hasta inicios de los noventa.

Y la necesidad de impulsar reformas que privilegien el mercado se instaló con mucha tardanza lo que, afortunadamente, no impidió sus beneficiosos resultados y el país inició la senda del crecimiento.

Lo mismo pasa con el concepto de los derechos humanos, muy poco comprendido en el país pero, lo que es más grave, en buena parte de la clase política. Y estos derechos, cuyo origen se remonta a la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano, emitida durante la Revolución Francesa, a pesar de estar reconocidos por las Naciones Unidas, cobran en las últimas décadas un gran auge  cuando ese extraordinario ser humano que es el entonces presidente de los Estados Unidos Jimmy Carter moviliza la opinión mundial en su favor.

Allí nace el concepto que los Estados eran los primeros en estar obligados a proteger los derechos humanos y a abstenerse de usar su propia fuerza en actos que impliquen su desconocimiento. En consecuencia, dado que un Estado existe en nombre del interés colectivo y del bien común no puede, en ningún caso, actuar delictivamente en contra de sus ciudadanos.         

Nacen, entonces, las Cortes Internacionales especializadas en la defensa de los derechos humanos, siendo pionera la que se organiza en torno a la entonces llamada Comunidad Económica Europea, ahora Unión Europea. Y en el contexto interamericano no nos quedamos atrás y la Corte Interamericana de Derechos Humanos inicia sus funciones en San José de Costa Rica.

Y como la Corte IDH solo puede conocer con su capacidad jurisdiccional asuntos que impliquen denuncias contra Estados, obviamente estos, al ser necesariamente parte interesada, ven con extremo recelo la posibilidad de que los fallos les sean adversos.

Y el mundo ha comprado el concepto de modo admirable y a un punto tal que el esperado ingreso del Perú a la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económicos (OCDE) sería impensable si nuestro país se retirara de la Corte y quedaríamos como un paria en la estructura del poder mundial. Y es más, siendo el Perú en este año 2018 país miembro del Consejo de Seguridad de la ONU, con qué autoridad moral podríamos hablar de Venezuela o de Corea del Norte?

Los fallos de la Corte IDH son actos jurisdiccionales de aplicabilidad inmediata y resistirse a una orden judicial es técnicamente imposible. Es importante que en nuestro camino a mejores niveles de desarrollo, incorporemos los paradigmas que imperan en el mundo y es deber de las autoridades promover su conocimiento. Seamos serios.

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