Edición 2523: Jueves, 25 de Enero de 2018

El Diablo es Chismoso

Algo nos pasa a los peruanos que desde hace algún tiempo venimos acusando una grave incompetencia para acometer nuestra vida en común, con los riesgos catastróficos que cabe imaginar.
Es parte de nuestra cultura y probablemente es una herencia colonial, un resabio de una nación en ciernes que no termina de cuajar adecuadamente. Pero lo que sucede en los últimos tiempos no tiene un parangón histórico cercano y parece ubicarnos sin una salida viable.

Hay, sin embargo, elementos altamente rescatables en la sociedad peruana que se evidenciaron en la reciente visita del Papa como, por ejemplo, nuestro extraordinario comportamiento, la formidable organización de la visita y la multitudinaria adhesión del pueblo peruano a los valores espirituales que Francisco supo transmitirnos con una fuerza impactante. Esto es una brisa de aire fresco que debe ayudarnos a encarar el futuro sin quedarnos paralizados en las taras del pasado y los riesgos del porvenir.

Pero junto con sus hermosas palabras, el Papa ha dicho cosas que nos tocan de modo directo como, por ejemplo, la referencia al demonio como un ser “chismoso y mentiroso, a quien le encanta dividir y enfrentar a los miembros de la comunidad”. Y, a juzgar por los hechos, parecería que el príncipe de las tinieblas se ha enseñoreado en nuestro país.

Es obvio que esa referencia papal tiene que ver de modo directo con el inveterado enfrentamiento de importantes sectores de nuestra clase política y con la urgente necesidad que tenemos de abrir ventanas en un contexto demasiado agresivo y claramente estimulado por un sector de la prensa.
Hay, ciertamente, algunos antecedentes que cabe mencionar. La encarnizada guerra de guerrillas que entre 1945 y 1948 le hizo la vida imposible al presidente Bustamante y Rivero, trayendo consigo lo que la historia registra como el “ochenio”. Y el despiadado ataque parlamentario al presidente Belaunde entre 1963 y 1968 que dio origen al nefasto régimen militar. Todos pagaron caro su esquizofrenia política.

El diablo vive del chisme y de la mentira y los que creen que él es una realidad concreta –de acuerdo con la doctrina católica– deberían observar esta frase con preocupación porque es, precisamente, eso lo que caracteriza buena parte de nuestra vida pública en los últimos tiempos. Y a esto cabe agregar la vocación de escándalo y la existencia de validos demoníacos que ejecutan sus designios.

Repito que esto es doctrina católica pura que nos recuerda una afirmación de San Juan Pablo II en el sentido de que el diablo es un ser real. Pero más allá de creer o no en la existencia de tan horripilante entidad, lo que es innegable es que el mal sí existe y se manifiesta en el Perú a través del crimen organizado, de la delincuencia común, de la corrupción, del chisme y de la mentira.

Y haciendo nuestras las proféticas aseveraciones de Francisco, a lo menos que podemos aspirar es que los peruanos, de una vez por todas, sepamos hacernos cargo de un guante tan gravoso.

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