Edición 2503: Jueves, 31 de Agosto de 2017

Hay Otra Venezuela

No hay día en que, con justa razón, la prensa peruana e internacional deje de referirse a Venezuela y a la dramática situación que vive. Cabe, entonces, preguntarse cómo es que un país absolutamente bello, dotado de grandes recursos naturales, con un pueblo trabajador e imaginativo y dueño de una historia incomparable, es víctima de una situación tan cruel como la que atraviesa en estos tiempos.
Viví en la impactante Caracas, la sucursal del cielo, a inicios de los ochenta y esa ciudad a la que le cantó Neruda vio nacer a mis dos hijos varones. Por eso y por el valioso aprendizaje profesional adquirido en esos años de juventud, siempre he considerado a Venezuela una especie de segunda patria.

Cómo no amar al país que, no contento con darnos a Miranda, nos dio a Bolívar y, por si fuera poco, a Sucre, ese genio militar al que debemos Ayacucho y al que torpemente olvidamos mencionar cada vez que celebramos el aniversario de la gloriosa batalla.

Cómo no respetar al país de brillantes pensadores como Arturo Uslar Pietri, escritores como Miguel Otero Silva o Rómulo Gallegos, o políticos incomparables como Rómulo Betancourt o Rafael Caldera.
Y cómo no agradecer a una Venezuela que acogió generosamente a miles de peruanos cuando, en los años setenta, vieron cerrarse sus oportunidades de progreso en su propio país. Empresarios, trabajadores, intelectuales, periodistas, políticos, poblaron Caracas, Valencia, Maracaibo, Barquisimeto, y encontraron en todas partes el apoyo afectuoso de un pueblo hermano.

Por eso emociona que hoy que Venezuela es víctima de una realidad que no merece, miles de venezolanos acudan a nuestro país en busca de un sustento digno y cabe reconocer la visión de nuestras autoridades al crear las condiciones necesarias para permitir que el Perú acoja a quienes nos supieron acoger cuando los necesitamos. Tenemos, pues, la obligación de tratar a los venezolanos instalados en nuestro país con respeto y gratitud.

Por lo demás, no siendo el nuestro un país de inmigración, mucho tenemos que aprender de la exquisita cultura venezolana, de su gastronomía, de la dulzura de sus gentes, de su extraordinaria versatilidad y de su fe en la democracia y los derechos humanos.

Bolívar dijo: “Más cuesta mantener el equilibrio de la libertad que soportar el peso de la tiranía”. Nada más cierto. Y ese equilibrio parece haberse roto. Y lo más irónico es que los responsables utilizan su retrato y su nombre como fuente de legitimación.

Pero en su hamaca de Pativilca, víctima de una dura convalecencia y poco antes de las jornadas decisivas de Junín y Ayacucho, el Libertador trazó su objetivo con una sola palabra: “Triunfar”. Ese es ahora el futuro de la irredenta tierra que lo vio nacer. Hay otra Venezuela. 

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