Edición 2475: Jueves, 16 de Febrero de 2017

Roger Casement y el Perú

Ya Mario Vargas Llosa, con la maestría que el mundo le conoce, nos había recordado en El sueño del Celta la gesta de Roger Casement en nuestro país y su condición de pionero incomparable en la protección de los derechos humanos.

Y es que, a comienzos del siglo pasado, este diplomático irlandés (en aquella época Irlanda era parte del Reino Unido) pasó a la historia con su extraordinario informe sobre los abusos cometidos contra trabajadores del caucho peruanos y colombianos por la Peruvian Amazon Company, en nuestra amazonía, caso cuya investigación le había sido confiada.

Previamente, Casement había sido instrumental en denunciar las atrocidades cometidas en el llamado Estado Libre del Congo, entidad territorial que el rey belga Leopoldo II manejaba como su propiedad  privada, y su nombre  estaba ya asociado a  causas justicieras.

Años más tarde, la lucha sin cuartel que libró por la independencia de Irlanda, su país, lo condujo a un juicio en condiciones desiguales y a una ejecución que lo termina convirtiendo en un gran héroe irlandés y universal.

Hace pocos días, el presidente de la República de Irlanda, Michael D. Higgins, realizó una visita oficial al Perú, la primera de un mandatario irlandés, oportunidad en la que dictó una conferencia magistral referida a su notable compatriota y a la extraordinaria relación de Casement con nuestra historia y con la afirmación de los derechos de quienes no tienen voz. Y no es fácil, ciertamente, encontrar un personaje europeo ligado al Perú por la nobleza de una causa totalmente desinteresada.

El  presidente Higgins es un mandatario poco común. Dirige los destinos de un país ejemplar, con los avatares propios de la vida política, pero es un intelectual de polendas. Ha sido admirable oírlo hablar del Perú en la sede de la cancillería peruana con referencias al verso de  César Vallejo, hay hermanos muchísimo que hacer, y a varios pasajes de nuestra historia. Ojalá pueda publicarse su extraordinaria conferencia.

El gobierno peruano ha decidido abrir una embajada en Dublín, la bella capital de Irlanda. Y no podría haberse tomado una mejor decisión, no solo para impulsar el comercio y la inversión, sino para seguir redescubriendo rutas de nuestro entendimiento común con ese país de fuerte identidad cultural, de exquisita cerveza y de admirable literatura.

Podemos destacar que, a pesar de tantas dificultades y malas interpretaciones, se ha afirmado en nuestro país una cultura de respeto a los derechos humanos, especialmente a los de primera generación, que siempre debería caracterizar al Perú de los años venideros. Por eso estamos en deuda con el gran irlandés.

Es una lástima que hasta ahora Roger Casement no tenga un monumento en nuestro país, ni siquiera un busto o una calle que lleve su nombre y que su gesta no se enseñe a nuestros escolares. Es hora de que tomemos conciencia de este hecho y obremos en consecuencia . (Por: Harold Forsyth)