Edición 2461: Jueves, 3 de Noviembre de 2016

Una Casa Dividida

En 1858, al aceptar su candidatura al Senado por el partido Republicano, Abraham Lincoln pronunció el famoso discurso que hoy, casi 160 años después, cobra mucha actualidad.

“Una casa dividida contra sí misma no puede sostenerse” fue la línea inicial de su intervención en la Asamblea Estatal de Illinois y su lógica se basaba en la asunción de que el norte abolicionista y el sur pro esclavista no podrían convivir pacíficamente. Lincoln no logró ser elegido senador pero afirmó la genial personalidad que lo llevó a la presidencia en 1861.

Sin duda, el proceso electoral actualmente en curso en los Estados Unidos es el más tenso de su historia a pesar de la muy aceptable aprobación popular del presidente Obama y de indicadores económicos y sociales que hablan muy bien de su gestión. 

No obstante, el duro proceso de la exitosa recuperación de la economía luego del desplome de 2008 golpeó a los sectores medios y su nivel de vida disminuyó sensiblemente. Y, paralelamente, la presencia masiva de 55 millones de latinos en el país ha alterado el paisaje cultural y social de los Estados Unidos. Es lógico, entonces, inferir que hay una desorientación en vastos sectores del tradicionalmente cauto electorado estadounidense, especialmente entre los que poseen un nivel educativo básico y sienten que les estamos robando su país cuando, por el contrario, su sociedad se está enriqueciendo y diversificando. 

Estados Unidos es un país de inmigrantes y la actual presencia del mundo latino constituye un hecho cultural extraordinario que el pueblo norteamericano no ha procesado bien todavía. Por lo demás, es obvio que el actual gobierno ha puesto controles estrictos y la inmigración ilegal ha disminuido sensiblemente.

Pero estos hechos han logrado que los electores sean fácil presa de un discurso populista que apela a las más básicas pasiones humanas y busca la división como rédito electoral. Todo esto explica, ciertamente, la candidatura de Donald Trump, proceso en el cual sus propias limitaciones y cuestionamientos morales ceden ante el desborde de nuevas realidades que sus seguidores rechazan visceralmente.

No obstante, la candidata demócrata Hillary Clinton podría verse favorecida por la votación de los 24 millones de electores cuyos votos ya fueron emitidos,  por su  sólida maquinaria en todo el país y por su gran ventaja en recursos económicos. Es necesario reconocer, sin embargo, que el triunfo está para cualquiera.

Se trata, entonces, de un proceso electoral que ha polarizado el país más allá de enfrentamientos normales y que amenaza convertir una fiesta democrática en una división violenta que encarna dos visiones radicalmente distintas del futuro del país.

Estados Unidos es hoy, sin duda alguna, una casa dividida y no está Lincoln para poner orden. (Harold Forsyth)

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