Edición 2456: Jueves, 29 de Septiembre de 2016

Viva Colombia

La paz ha llegado a la hermana República de Colombia, con lo que concluye el conflicto armado más antiguo de las Américas. Y para el Perú, por los 1,640 kilómetros de frontera que compartimos y por nuestra historia común, no podría tratarse de una mejor noticia.

Juntos, entonces, el Perú y Colombia podemos acometer la empresa común del progreso en un marco de seguridad y paz. Y el futuro nos pertenece.

El jefe del Estado colombiano, Juan Manuel Santos, y el líder de las FARC EP, Rodrigo Londoño ‘Timochenko’, han tenido el coraje necesario para sacar adelante un acuerdo de pazaltamente complejo y obtenido luego de negociaciones extenuantes. En ese proceso, es preciso saludar el rol de Cuba y de Noruega, país este último poco conocido en América Latina, pero sólido especialista en verificación de la paz y cuyo rol ha sido clave en el desarrollo de los diálogos. Chile y Venezuela hicieron, igualmente, aportes importantes.

Y notable ha sido la forma en que la comunidad internacional ha recibido el acuerdo, empezando por casi todos los presidentes latinoamericanos presentes en el evento, el Rey Emérito de España, el Secretario General de las Naciones Unidas, el Presidente del Banco Mundial y el papa Francisco, representado por su muy prestigioso secretario de Estado, cardenal Parolín.

El presidente Kuczynski y la Cancillería peruana han estado muy a la altura de las circunstancias en su apuesta por la paz y el Perú ha entendido cabalmente lo que está en juego.

No obstante, no se comprende bien cómo algunos compatriotas han hecho una ecuación muy elemental y a través de una conexión mental basada en el desconocimiento han saltado a conclusiones que, afortunadamente, son poco representativas.

Es preciso, en ese contexto, señalar lo siguiente:

–Las negociaciones de paz entre el Estado colombiano y las FARC tienen más de cuarenta años de historia. Todos los presidentes de Colombia, sin excepción, han participado en esos procesos.

–Las FARC EP han sido, y esto es necesario aclararlo, un ejército organizado como tal y con armas de guerra, no un mero movimiento subversivo. Derrotarlo militarmente ha sido una tarea imposible de lograr.

–Tampoco el Estado colombiano podía ser derrotado por lo que la continuación de la guerra solo aseguraba más dolor y más muertes.

–Todo acuerdo implica concesiones mutuas. Es demasiado obvio que las FARC EP tenían que tener ventajas explícitas para su incorporación a la vida civil. Ejemplos exitosos son los acuerdos de paz en El Salvador y Guatemala.

–Asimilar la realidad colombiana a la peruana es ignorancia pura. En el Perú la subversión nunca constituyó una columna militar y la Fuerza Armada ha tenido y sigue teniendo el monopolio de la fuerza.
Pasarán varios años antes de que la paz alcanzada rinda los frutos por los que el mundo apuesta. Pero a Colombia, bellísimo país con claros toques de primer mundo, le espera un futuro brillante y a nosotros nos toca admirar cómo se eleva a la altura de su destino. (Harold Forsyth)

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