Actriz María Angélica Vega, historiador Mauricio Novoa y artista Sonia Cunliffe en análisis desde el balcón.
Actriz María Angélica Vega, historiador Mauricio Novoa y artista Sonia Cunliffe en análisis desde el balcón.
Edición 2595: Jueves, 20 de Junio de 2019

¿Qué Hacemos con la Calata?

Escribe: Jaro Adrianzén | De la libertad de expresión y la sátira a la corrección política y la censura: prendas al aire en un debate sobre La Calata de CARETAS.

Actriz María Angélica Vega, historiador Mauricio Novoa y artista Sonia Cunliffe en análisis desde el balcón.
Actriz María Angélica Vega, historiador Mauricio Novoa y artista Sonia Cunliffe en análisis desde el balcón.

La desnudez irónica. O la ironía que desnuda. No tiene ni un pelo de tonta.
La desnudez irónica. O la ironía que desnuda. No tiene ni un pelo de tonta.
Hoy se discute la paridad de género en el Congreso. Y en nuestra redacción, también. Porque el consenso entre los invitados a la segunda edición de ‘Plaza Caretas’ es contundente: La Calata debe venir con su cuota de calatos.

La actriz María Angélica Vega recomienda ver el cuerpo humano “con una mayor apertura”. Por algo da talleres de sexualidad sagrada. La artista Sonia Cunliffe secunda a Vega y retoma: “Y si lo publican, ¿acaso el hombre se sentiría un objeto sexualizado? Es su decisión tomarse la foto”. A La Calata no solo hay que verla. También hay que leerla en su contexto, como señala Cunliffe. Por algo pertenece a la sección Amenidades, donde sus humores corporales se mezclan con el humor político.

CARETAS se lee de atrás hacia adelante. Irónicamente, un método impensable para un lector anal, freudianamente hablando. “Empezar a leer CARETAS por atrás es entrar por el lado más lúdico”, explica el filósofo Óscar Quezada Macchiavello en el prefacio a su libro Mundo Mezquino. Sino que lo digan congresistas como Juan Sheput y Carlos Bruce, ávidos seguidores del carnavalesco humor de La Calata (ese velado editorial), más allá de sus respectivas opciones sexuales. Empezar por el humor de las últimas páginas y terminar en la realidad dura y pura. Ir de la irónica desnudez al juego de máscaras de la política peruana. Un striptease al revés: de la verdad desnuda al ropaje social. “A veces uno lee CARETAS y piensa que el mundo es una farsa”, dice el semiólogo.

Un hombre y una mujer, ARCOMadrid. Derecha, en el 2003 CARETAS publicó un calato. Invitados creen que debe volver.
Un hombre y una mujer, ARCOMadrid. Derecha, en el 2003 CARETAS publicó un calato. Invitados creen que debe volver.

El historiador Mauricio Novoa señala una “enorme paradoja”. Se remonta a Larry Flynt y el fenómeno de Hustler, su famosa revista erótica. Y a cómo ese juego en pared entre la sátira y las fotografías fue “ratificado como algo protegido dentro del principio de la libertad de expresión”. Por eso le llama la atención el actual cuestionamiento de aquellas libertades ya conquistadas. ¿Nos hemos vuelto conservadores? A inicios de los 90 la revista VEA publicaba desnudos peruanos. Sin embargo, la versión local de Soho que circulaba hasta hace un par de años nunca se atrevió a cruzar la frontera de una areola. Tal parece que sí: nos hemos vuelto ‘conservas’.

Pero antes la censura venía desde la derecha. Por ejemplo, cuando un anónimo lector denunció que no solo escondían libros de Nietzsche y Sartre, sino que también recortaban La Calata en la hemeroteca de la Universidad de Piura (CARETAS 2130). Ahora viene desde la autodenominada izquierda feminista, como lo advirtió J.M. Coetzee  en su libro de ensayos sobre la censura Giving Offense. Ahí está el caso de Charlie Hebdo. Desde su trinchera satírica, el semanario francés de culto acaba de publicar una portada dedicada al Mundial de Fútbol Femenino. La ilustración parodia con harto ají la L’origine du monde (El origen del mundo) de Gustave Courbet, agregándole el titular ‘¡Nos lo tragaremos durante un mes!’. Las redes progres los lapidaron (una vez más). ¿Mal gusto? Quizás. Parafraseando al abogado en The People Vs. Larry Flynt, ‘no me gusta Charlie Hebdo, pero me gusta vivir en un país donde podemos decidir por nosotros mismos si compramos esa revista o la tiramos a la basura’. Toda una prueba ácida de tolerancia democrática.

Primero fue ISIS. Ahora, el feminismo.
Primero fue ISIS. Ahora, el feminismo.
  Para Novoa, las críticas contra La Calata nacen gracias a los aullidos de corrección política. Y a la forma en la que han terminado por polarizar a la sociedad a través de las “identidades negativas”: “donde la gente se agrupa representando a personas que están contra algo”. Lo pernicioso, agrega, es que “atenta contra cualquier debate y tiene una obsesión no por encontrar la verdad, sino por tener la razón”. Hoy en día, en el funcionamiento cíclico de la censura, actúan sectores conservadores y progresistas, quienes parecen encontrarse en su lucha por ocultar lo “ofensivo”.

Los extremos se juntan. Cunliffe padeció el fenómeno en carne propia. Le llovieron críticas desde ambas orillas en el último ARCOMadrid por su exposición Un hombre y una mujer, sobre un encuentro sexual autorretratado por dos ancianos en los años 40. “Una mujer u hombre desnudo te puede enriquecer”, agrega. Novoa sentencia que “debe continuar en su forma original y resistir el embate que quiere callarlos como medio”. No podemos hablar a nombre de La Calata –ella tiene su propia voz y agencia, estimados sociólogos– pero creemos que el debate debe continuar a calzón (o calzoncillo) quitado.

María Angélica Vega cree en el desnudo. Y en el desnudo, crea. La actriz demuestra que lo suyo es teoría y praxis.
María Angélica Vega cree en el desnudo. Y en el desnudo, crea. La actriz demuestra que lo suyo es teoría y praxis.