Ángel en Isla de San Blas, cuando el Papa visitó Panamá. Decidió donar tras ser voluntario en el Hospital Rebagliati.
Ángel en Isla de San Blas, cuando el Papa visitó Panamá. Decidió donar tras ser voluntario en el Hospital Rebagliati.
Edición 2594: Jueves, 13 de Junio de 2019

Solo se Vive Dos Veces

Por: Edgar Mandujano Hay dos donantes de órganos por cada millón de habitantes en el Perú. Siete mil están en lista de espera. 45 mueren cada mes.

Ángel en Isla de San Blas, cuando el Papa visitó Panamá. Decidió donar tras ser voluntario en el Hospital Rebagliati.
Ángel en Isla de San Blas, cuando el Papa visitó Panamá. Decidió donar tras ser voluntario en el Hospital Rebagliati.

Siempre recordaré el 11 de febrero de cada año”, recuerda la señora Matilde Mendoza. “Ese día perdí al hijo que Dios me dio, ese día mi vida cambió.” Una bala perdida la separó de Ángel. A él le diagnosticaron muerte cerebral. Pero a pesar del dolor, Matilde cumplió con el deseo de su único hijo: donar y dar vida. Y así fue.

Por cada millón de habitantes en el Perú, solo dos son donantes de órganos. Mientras tanto, siete mil personas están en lista de espera. El Ministerio de Salud (Minsa) calcula que hasta tres personas al día sufren muerte cerebral, lo que las convierte en posibles donantes. Y 45 peruanos mueren cada mes esperando la donación de un órgano. Son cifras alarmantes.

Parte del hígado de Ángel le salvó la vida a la niña A.F.L. menor de un año.
Parte del hígado de Ángel le salvó la vida a la niña A.F.L. menor de un año.
Ángel Mateo Mendoza, de solo 18 años, fue uno de esos dos donantes que marcan la diferencia por cada millón de peruanos indolentes. Aquel fatídico 11 de febrero del 2019 Ángel estaba de vacaciones. Había estado todo el día con su madre visitando a sus abuelos en La Victoria. Cuando oscureció ya estaban camino a casa. La señora Matilde recordó que tenía que realizar unos pagos en el Mall del Sur de San Juan de Miraflores, así que bajó de la combi. Su hijo se quedó en la ruta. A eso de las 8:20 p.m. lo llamó para ver si había llegado bien a casa. Él jamás contestó el celular.

“Cinco minutos después recibí la llamada de un policía”, recuerda Mendoza. “Me indicó que tenía que apersonarme con urgencia al Hospital María Auxiliadora. Me desesperé en ese momento porque sentí que algo malo había pasado. Y así fue: mi hijo había llegado herido por una bala en la cabeza”. A consecuencia del balazo el joven resultó con parte del cerebro destrozado. El diagnóstico fue muerte cerebral. Los médicos ya no podían hacer nada. Ángel yacía postrado en una cama y conectado a un ventilador artificial del Área de Trauma Shock del Hospital de Emergencia de Villa El Salvador.

Matilde cuenta que su hijo era catequista y seminarista en la Parroquia San Norberto de La Victoria. A los 15 años había participado en un círculo clerical para discernir si tenía o no la vocación sacerdotal. Además, era voluntario en el Hospital Rebagliati. Ángel visitaba a los enfermos dos veces por semana. Y fue allí donde se informó de la donación de órganos. Una vez le comentó a su madre que quería donar sus órganos. Y también quería que ella lo hiciera. “Tú no sabes cuánta gente espera un órgano”, le contó. Como se sabe, la cifra es de terror: la lista es de 7 mil personas. Y 45 fallecen cada mes.  

“Respetemos la decisión de donar”, dice la madre de Ángel, Matilde Mendoza.
“Respetemos la decisión de donar”, dice la madre de Ángel, Matilde Mendoza.

La noche en que Ángel agonizaba ella recordó lo mencionado por su primogénito y respetó su decisión. “Fue como si mi hijo hubiera agarrado mi mano y hubiese firmara por mí”, explica Matilde Mendoza. “Yo no lo hubiera hecho”, confiesa. Ella recordó que Ángel le llegó a contar que le pedía a Dios “que el día que yo fallezca sea de un paro cerebral, porque de esa manera podré donar mis órganos”. Y así ocurrió. Su corazón fue trasplantado a un varón de 58 años. Una porción de su hígado pasó a una menor de un año. Sus riñones salvaron a dos menores de 12 y 16 años, respectivamente. Y sus córneas ayudaron a un adulto mayor de 74 años. De esa manera Ángel cumplió su deseo de seguir viviendo en los demás y de dar amor a quienes más lo necesitan.  

El Minsa cuenta con un equipo especializado de cirujanos y especialistas en trasplantes. En una operación de ese tipo participan al menos unas cien personas. Uno de los órganos más complejos en conseguir es el intestino, que ya se puede trasplantar en otros países como España, que lidera el ranking de trasplantes a nivel mundial. En los próximos meses el Hospital del Niño de San Borja será el primero en realizar este trasplante. “Es lo único que no realizamos en el país, por ahora”, le contó a CARETAS el doctor Juan Almeyda Alcántara, de la Dirección General de Donaciones, Trasplantes y Banco de Sangre del Minsa. Los donantes con muerte cerebral deben mantenerse vivos de forma artificial durante un máximo de 48 horas. La donación es anónima y no dirigida. Y sin costo económico. Comúnmente pensamos que la muerte de una persona se da cuando el corazón deja de latir, pero no es así, se da cuando muere el cerebro.     

“Sensibilicémonos todos”, exhorta Matilde Mendoza. “Concienticemos a nuestros familiares para que respeten nuestra decisión de donar”. Pensando en ello, el pasado 23 de mayo se conmemoró el Día Nacional del Donante de Órganos y Tejidos. La idea es promover la donación en uno de los países con la tasa más baja de la región. Que así sea.