Edición 2590: Jueves, 16 de Mayo de 2019

Municipios en Piloto Automático

Escribe: Jorge Ruiz de Somocurcio |

Al borde del 1/2 año de gestión municipal (y regional), las autoridades gobiernan como si estuvieran en piloto automático. Atienden más o menos lo cotidiano como serenazgo, parques y jardines, licencias, algunas pistas y veredas. Y paramos de contar. Ningún anuncio relevante que nos sitúe ante la esperanza de algo diferente y mejor de lo que tiene o le falta a la ciudad. ¿Algo sobre grandes espacios públicos, vivienda social, descontaminación, prevención de desastres, promoción de empleo, cultura, protección de los más vulnerables, movilidad urbana? La verdad nada a la vista. ¿Qué está pasando?
En el caso de Lima, un gran número de autoridades han llegado sin preparación ni equipo. Están aprendiendo en el camino pagados por los vecinos.

En segundo lugar, toda la metrópoli se encuentra en un intenso proceso de densificación y expansión urbana, guiado ya sea por la informalidad o por la presión formal inmobiliaria invadiendo suelo eriazo en un caso o reemplazando simplemente casas o casonas por edificaciones de alta densidad en otro. En ambos casos es el mercado el que prácticamente va guiando el crecimiento urbano y no hay un pensamiento de un nuevo modelo que oriente los proyectos y genere mejor ciudad para la gente, de modo que esta recupere parte de los beneficios del renacer inmobiliario. Lo anterior ocurre con mayor o menor énfasis en todas las ciudades intermedias o medianas del país.

Mientras tanto las regiones con canon minero ya vienen recibiendo S/ 2,000 millones los primeros tres meses del año y no saben cómo gastarlos, evidenciando que el problema no es económico sino de visión y gestión. ¿Acaso alguna región tiene, por ejemplo, una política regional de vivienda en camino? Ninguna, incluyendo la capital. Y de otro lado el divorcio entre los gobiernos regionales y los municipales es total, afectando mortalmente la gobernabilidad. Las relaciones con el Poder Ejecutivo todavía están verdes o son nulas.

En tercer lugar contribuye a este limbo la evidencia de que las autoridades regionales y municipales no podrán repetir el plato, lo cual paradójicamente, en lugar de llevarlos a una mayor ejecución de iniciativas, ha generado el efecto contrario: solo visión del día a día. El resultado es una gobernabilidad en cámara lenta sin imaginación ni propuestas. Eso es lo que se ve hasta ahora.

Mientras tanto la población va encontrando soluciones propias a sus necesidades, desde el enrejado de las calles o el incremento del uso de armas, hasta movilizarse en colectivo, moto lineal en mototaxi y scooter o mensajerías en bicicleta eléctrica. Esto le han agregado a la urbe una nueva capa de posibles conflictos, pero cuya solución no es prohibirlas sino incorporarlas a un nuevo concepto de ciudad.

En fin, el quehacer urbano está en crisis a las puertas del Bicentenario. Sin salidas a la vista. Y sus efectos los padecemos todos los ciudadanos de a pie.