Galdós vuelve tras un año  de para. “Me ha vuelto a hacer feliz mi trabajo”, cuenta. Y le pone punche para no arrepentirse de nada a los 60.
Galdós vuelve tras un año de para. “Me ha vuelto a hacer feliz mi trabajo”, cuenta. Y le pone punche para no arrepentirse de nada a los 60.
Edición 2576: Jueves, 7 de Febrero de 2019

Chino de Risa

Escribe: Jaro Adrianzén | Carlos Galdós evocará su criticado episodio con Keiko en 2 Horas para ser feliz, su nuevo unipersonal.

Galdós vuelve tras un año  de para. “Me ha vuelto a hacer feliz mi trabajo”, cuenta. Y le pone punche para no arrepentirse de nada a los 60.
Galdós vuelve tras un año de para. “Me ha vuelto a hacer feliz mi trabajo”, cuenta. Y le pone punche para no arrepentirse de nada a los 60.

Concentrarse en su respiración durante 40 minutos al día es su fórmula para (tratar de) hallar el equilibrio. “Pero el día que dije lo de Keiko no medité, caramba”, reconoce el comediante Carlos Galdós, 44 años. Y se parte de risa. Ya dejó las mechas disparatadas y el rubio estridente de su cabello. Aunque la carcajada, no hay de qué preocuparse, es la misma: fuerte y mostrando todos los dientes. Hablando menos en broma y más en serio, asegura que “el humor tiene que ser incómodo, si no es incómodo es cualquier cosa”. “Tiene que hincar”, insiste. “Pero la línea es muy delgada y me caí hace unos meses, que no te quepa la menor duda”, reconoce haciendo un respectivo y repetitivo mea culpa. Se refiere al comentario que hizo en su programa de Radio Capital el 26 de noviembre del 2018: Tú, que abres la ducha y te quedas 20 minutos debajo de la ducha y te enjuagas todo ¿te has puesto a pensar que Keiko con una tacita de agua, con las justas se enjuaga un pezón? Piénsalo. “Me ‘descacané’”, admite. En su afán por burlarse de la victimización conectó con fibras que le joden. Con lo que para él representa la Fujimori: “muchas cosas que no le hacen bien al país”. ¿Lo volverías a hacer? “Sí, pero lo haría mejor. No fue de buen gusto”, dice. Y es que el humor y la sátira son así: estiran las costuras de este traje llamado democracia, confeccionado con base en el boceto de la libertad de expresión en todas sus formas. Y con toda su irreverencia.

“Nos gusta hincar”, dice sobre su trabajo con Ysla.
“Nos gusta hincar”, dice sobre su trabajo con Ysla.

Mucho de ese episodio (que incluyó llamadas y mensajes amenazantes a su mamá e hija mayor) será parte de 2 horas para ser feliz, el nuevo unipersonal con el que Galdós vuelve a los escenarios tras un año lejos de las tablas. El show es dirigido por su amigo Christian Ysla, quien fue el ojo talentoso que lo afinó, ajustó y retroalimentó durante la creación. Se presentará en el Teatro Peruano Japonés el 15 y 16 de febrero, antes de pasar por Trujillo (23 de febrero en el Teatro UPAO) y cerrar en Arequipa (2 de marzo en el Teatro Municipal). Allí también se burlará de todas las búsquedas y fórmulas para dar con la ansiada felicidad, que él mismo ha probado. “Me he leído todos los manuales, el libro de la vaca, he ido a sesiones de coaching, talleres de liderazgo y motivación, a iglesias evangélicas, he hecho yoga y todas esas cosas”, enumera el comediante y conductor radial.

“Me descarrilé en ese comentario”, admite sobre Keiko. Derecha, “El humor tiene que ser in  cómodo”, explica afinando la puntería.
“Me descarrilé en ese comentario”, admite sobre Keiko. Derecha, “El humor tiene que ser in  cómodo”, explica afinando la puntería.

Parte de la reflexión de su show consiste en caer en cuenta que la felicidad está en el camino y no en el destino, por más que aquel esté lleno de baches y tráfico, como cualquier calle peruana. Y Galdós es conocedor del humor peruano. Nos gusta reírnos de la desgracia, asegura. “Se cayó la viejita. ¡Ayúdala! No es que te rías y luego la ayudas. Somos medio hijos de ‘putinguis’ en ese sentido”, explica riendo. Pero todo empieza por aprender a burlarse de uno mismo. Ese es el ADN que conserva tras 16 años sobre los escenarios. Se trata de romper la coraza y burlarse de lo bueno, lo malo y lo feo. Y de tomarse la vida en serio y en broma. “No sé si eso nos habrá sanado, pero nos reímos mucho de nosotros”, reflexiona. No cabe duda de que el mejor Galdós es el que se para sobre los escenarios.