Edición 2572: Jueves, 10 de Enero de 2019

A Pasar Revista

Renovación de principios en CARETAS para este 2019. Y un parte de robusta salud.

Ahogados en likes. Superados por la inmediatez de internet. Desubicados ante la polarización librada en las redes.

¿Es CARETAS un artefacto del pasado? ¿Un engrapado de papel que solo cae en manos de los pocos veteranos que no pudieron con el Whatsapp? ¿Somos los periodistas de Jirón Huallaga 122 tan obsoletos como una imprenta de Gutenberg?

Un ratito. Aguanta. Frena tu combi.

Para no empaparse en el sudor de la camiseta y las buenas intenciones, aquí los números fríos.
El exhaustivo estudio de lectoría de Kantar Ibope Media realizado entre septiembre de 2017 y agosto de 2018, cifra en 125,976 el número promedio de lectores de CARETAS en su edición impresa. La medición mensual, por cuatro ediciones, se dispara a 301,164 lectores únicos. No por las redes y la web. Esa es otra historia. Se trata de lejos de la revista semanal con mayor lectoría del país. Ojo que es el producto que se vende por sí solo y no un suplemento de diario, lo que redunda obviamente en el compromiso y atención del lector.

Es un claro mensaje tanto para quienes están apurados en anunciar los funerales del periodismo de papel como para los anunciantes que están perdiendo nuevas oportunidades.

Medición de Kantar Ibope.
Medición de Kantar Ibope.
La métrica rompe con más lugares comunes. ¿Es CARETAS la revista del hombre maduro? Aunque se atesore su fidelidad, no tanto. Solo el 32% tiene de 55 para arriba. Un sorprendente 43% de lectoras son mujeres. El 60% del total de lectores tienen grado universitario y el 17%, maestrías y doctorados.

Del total de lectores mensuales, 234 mil pertenece al segmento A/B. Y son muy altos los porcentajes de quienes reconocen prestar atención a los anuncios de la revista, incluso muy por encima del promedio de la competencia en el formato.

El autobombo, inusual en estas páginas, no pasa por alto que el periodismo enfrenta desafíos de pronóstico serio y reservado. La actividad se financia básicamente con publicidad y este mercado atraviesa una disrupción sísmica. Todos miran a la web y las redes como el futuro, y la revista también repotencia las suyas, pero persiste un gran signo de interrogación. La actividad profesional no se sostiene a punta de clicks y los nuevos oligopolios globales como Facebook y Google concentran los ingresos publicitarios que levantan precisamente gracias a los “generadores de contenido”.

CARETAS se adapta a los cambios y prepara grandes novedades para este año. Pero lo que no cambia es que se dedica al periodismo independiente en el país. Tampoco su defensa a los valores de la democracia ni su alergia al debate maniqueo y partisano que hoy es la impronta virtual.

Cierto, CARETAS no es para todo el mundo. Es una comunidad de lectores –y lectoras, la inclusión vale para todo– que aprecia especialmente dos sentidos: el común y el del humor. El primero ahuyenta la intolerancia, el segundo suaviza los bordes más rugosos.

El lector de CARETAS no busca prensa que le diga lo que ya piensa. Sabe lo que es una sátira y cuándo levantar la ceja frente a la corrección política. Es ciudadano global, pero recontra peruano. Si bien tiene un gran apetito por estar en la verdadera jugada política, también valora las mejores perspectivas del arte, la literatura y la historia.

Así como las salas de cine no son reemplazadas con el streaming, la narrativa gráfica de CARETAS se aprecia en la revista y no en una pantallita. Los seres humanos siguen naciendo con yemas en los dedos y el hojeo táctil es incomparable. Igual que las lecturas que no se apagan en un trino.