Andina
Edición 2567: Lunes, 3 de Diciembre de 2018

La felicidad que el Perú necesita: cinco reflexiones para obtenerla

Escribe: Luis Lazarte Aranguren| Docente del Departamento de Estudios Generales de la UPN.

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¿Es usted feliz? Esta es una pregunta que no muchos enfrentamos con particular optimismo. De hecho, en el último reporte del ranking de felicidad, el Perú se encuentra en el puesto 65 de 155 países del mundo y, a nivel latinoamericano, se ubica por debajo de Chile, Brasil, Argentina, Bolivia, Paraguay, habiendo retrocedido dos posiciones respecto al año 2017. (Helliwell, 2018)

Existen múltiples hipótesis que pueden explicar la razón por la cual los peruanos no se sientan tan felices. Una de ellas es el contexto social en el cual vivimos (Helliwell, J.F., & Putnam, R.D., 2004). Así, un contexto social percibido como desfavorable (peligroso, estresante o limitado) tiene un efecto detractor sobre el bienestar de la población. Esta percepción de un contexto social desfavorable podría verse reflejada en un reciente sondeo en el que se identificó que el 84% de los peruanos siente inseguridad en las calles, percibe corrupción por parte de sus autoridades, reclama la falta de empleo digno, pobreza, huelgas, entre otros (Perú21, 2017).

Por tanto, tenemos la necesidad de renovar nuestras acciones para contrarrestar este escenario social adverso. Para esto, un paso importante será superar ampliamente los objetivos y metas planteadas en el Plan Bicentenario (CEPLAN, 2011); debemos, a su vez, en un país con la diversidad étnica y cultural del nuestro, implementar una política pública que promueva el desarrollo de la felicidad de cada peruano, respetando su identidad y legítimos intereses como ciudadanos. Esto ya sucede en el mundo: Bután es un país que ha priorizado la promoción de la felicidad de sus habitantes, convirtiéndola en una política de estado; inclusive, ha diseñado el índice de la Felicidad Nacional Bruta (FNB) que complementa al indicador económico de Producto Bruto Interno (PBI), lo cual ha derivado en una serie de iniciativas a nivel público que buscan fortalecer el bienestar de la población (Organización Mundial de la Salud, 2015).

No obstante, realizar mejoras en el contexto social no será suficiente. La investigación previa ha identificado que si bien el contexto social juega un rol importante sobre nuestra felicidad, los factores genéticos y psicológicos juegan un papel aún más protagónico. De este modo, cuando se trata de explicar la felicidad, el 50% se encuentra determinada por el factor genético, mientras que el factor psicológico explica el 40% de este fenómeno, dejando sólo un 10% al contexto social (Lyubomirsky, 2017).

Así, la gestión de la felicidad es un reto aún más desafiante para todos. Y es que para lograr este objetivo tendremos que integrar esfuerzos tanto públicos y privados, así como de organizaciones sin fines de lucro. Esta situación será de beneficio multisectorial. Las investigaciones así lo demuestran: trabajadores más felices evidencian mejores resultados: mayor desempeño dentro y fuera del rol, mayor satisfacción de los clientes, mayor apertura para el cambio y la innovación, mayor engagement laboral y colaboradores más saludables; al mismo tiempo que la felicidad contribuye a reducir el índice de conductas anti productivas, conflictos interpersonales, agotamiento emocional, ausentismo y rotación, entre otros resultados (Lyubomirsky, S., King, L., 2005)

En definitiva, este breve análisis propicia algunas modestas reflexiones, entre ellas:

  1. Descartar que el abordaje de la felicidad sea una moda. La felicidad es un derecho legítimo de las personas, investigada desde hace siglos por múltiples disciplinas y que ha demostrado, consecuentemente, ser catalizadora de múltiples efectos favorables para la sociedad.
  2. Resulta necesario prepararnos para un cambio dentro de nuestro enfoque de gestión. Si tenemos como objetivo fortalecer la felicidad de nuestra población, tendremos que estar preparados para liderar dicho cambio. Esto es, promoviendo ambientes sociales enriquecedores y cada vez menos violentos, que reconozcan y acepten las diferencias, empoderando a cada habitante en la búsqueda de su bienestar y el de su comunidad y especialmente, predicando con el ejemplo.
  3. Debemos tomar en cuenta que no existen recetas únicas para la felicidad. Por tanto, no promoveremos la felicidad al replicar planes de intervención de otros países. Promover una política pública de gestión de la felicidad debe marcar el fondo mas no la forma. De este modo, resulta imprescindible mejorar, tomar nuestros propios caminos en base a investigación local: experimentar, errar, mejorar y crecer son pasos que afrontaremos con determinación y resiliencia.
  4. Aceptar que la felicidad, descrita por distintos autores como una consecuencia del logro de objetivos en la vida, no puede limitarse a la búsqueda hedonista de objetivos a corto plazo, sino todo lo contrario: la gestión de la felicidad implica contar con una visión de futuro y comprometerse a un arduo trabajo a largo plazo. Toda vez que la felicidad se ha transformado en el factor indispensable para el fortalecimiento de ventajas competitivas y, por tanto, constituye un valioso activo intangible que nos permitirá superar nuestras metas, consolidando la sostenibilidad que anhelamos tanto a nivel personal como empresarial (Achor, 2014).
  5. Finalmente: Vale la pena ser valientes y tomar el riesgo de ser felices. Si desea, puede ir con calma, busque dar pasos personales y luego organizacionales. Lo cierto es que implementar estas medidas puede ponernos a la vanguardia en gestión pública o privada y enfrentarnos a la respuesta sobre cómo generar valor compartido (Porter, 2012) entre nosotros y crecer sosteniblemente como personas, organizaciones y más aún, como país. Y usted, ¿se animaría a gestionar su felicidad?
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