En Huanta la familia de Rojas y él pidieron que lo trasladaran a Lima. Tanto Bernardino Rodrí­guez, vicedecano del Colegio de Periodistas, como CARETAS, es­tuvieron de acuerdo. Unánime­mente se decidió por la Clínica San Felipe y desde el avión se pidió una ambulancia.
En Huanta la familia de Rojas y él pidieron que lo trasladaran a Lima. Tanto Bernardino Rodrí­guez, vicedecano del Colegio de Periodistas, como CARETAS, es­tuvieron de acuerdo. Unánime­mente se decidió por la Clínica San Felipe y desde el avión se pidió una ambulancia.
Edición 2461: Miércoles, 3 de Octubre de 2018

Hombre Clave

Conjeturas de Eduardo Rojas que lo llevan a una firme convicción.

En Huanta la familia de Rojas y él pidieron que lo trasladaran a Lima. Tanto Bernardino Rodrí­guez, vicedecano del Colegio de Periodistas, como CARETAS, es­tuvieron de acuerdo. Unánime­mente se decidió por la Clínica San Felipe y desde el avión se pidió una ambulancia.
En Huanta la familia de Rojas y él pidieron que lo trasladaran a Lima. Tanto Bernardino Rodrí­guez, vicedecano del Colegio de Periodistas, como CARETAS, es­tuvieron de acuerdo. Unánime­mente se decidió por la Clínica San Felipe y desde el avión se pidió una ambulancia.

(Nota publicada en CARETAS, Edición 1034, 28 de noviembre de 1988)

Eduardo Rojas Arce 27, el sobrevi­viente del atentado, es sin duda un testigo clave de los hechos. Sin em­bargo, una persona que ha recibido tres Impactos de bala, ha visto morir horrorosamente a su mejor amigo y se ha salvado por milagro, está bajo un fuerte trauma emocional, además de estar tratado con medicamentos. Por ello, para Intentar registrar una versión objetiva. CARETAS ha recu­rrido a reproducir las partes pertinen­tes de tres entrevistas grabadas el jueves, viernes y sábado últimos. Lo que sigue son una serle de conjetu­ras de Rojas que lo llevan a una firme convicción. Aquí se reproducen fiel­mente, Incluyendo ciertas aparentes contradicciones.

Ia GRABACION. JUEVES 25 POR LA TARDE. HOSPITAL DE HUAN­TA.- Alejandro Coronado Reyes, perio­dista de radio “Amauta” y también co­rresponsal de CARETAS, entrevista por primera vez a Rojas. Aquí se repro­duce sólo pasajes relacionados al mo­mento de la emboscada:

—Nosotros seguimos adelante y, casi al llegar, desde unos matorrales empezaron a disparamos al cuerpo. Los he visto fugazmente. Eran cuatro. Estaban con ropa civil, eran chiquillos, los rostros cuniertos con pañuelos. "¡Somos periodistas!" gritamos, pero igual nos disparaban.

Yo quería sacar fotografías y a la vez me protegía con las cámaras, cuan­do salieron de un caserón otros cuatro. Yo me fui corriendo y me seguían dis 

arando. Al voltear vi a los cuatro que icieron estallar a Hugo, no sé si con dinamita o granada.

Los sujetos tenían una estatura de 1.60 a 1.65. Los cuatro estaban con pañolones y se cubrían a la altura de la nariz. Ellos decían "¡vamos a matar­los!". Nosotros gritábamos "¡Somos periodistas! ¿Qué pasa, hermanos?".

Al caer Hugo lo vi sangrando y me fui corriendo hasta llegar a la casa de la mujer Primitiva que habían matado en donde estaban los soldados...

No han podido ser los "cumpas" de Sendero porque ellos nosgritan "¡Alto ahí! ¿Quién es, carajo?" Ellos pregun­tan. En cambio quienes nos han dispa­rado nos han tirado a matar. No que­rían que yo llegara.

Leer: El Legado de Rojas

2a GRABACION. VIERNES 26, 1:45 PM. DOMICILIO DE LA FAMILIA ROJAS ARCE.- Abilio Arroyo, de CA­RETAS, huantino y amigo tanto de Hugo Bustíos como del herido, recibe el testimonio de Rojas antes de su trasla­do a Lima. Aquí da su versión de lo a- contecido en toda esa fatídica mañana:

-Me había levantado temprano. Salí a la calle después de ducharme como a las 8.30 de la mañana y fui a la casa de Hugo Bustíos.

Fue allí que la señora Margarita nos dio la noticia de la muerte de su vecina Primitiva Jorge Sulca v su hijo. Fuimos a sacar la moto entre las 9.15 a 9.30 de la mañana. Partimos con Hugo que iba junto con su hijo Ccori.

Llegamos tomando el camino grande del barrio El Rosal hasta la chacra de las víctimas. En la puerta de la casa, nos encontramos con varios militares; quienes no nos dejaron entrar adu­ciendo que no teníamos permiso de la. base de Castropampa. En ese momen­to yo vi a 8 militares y el resto se encontraba camuflado entre los cer­cos. Ante la negativa, nosotros exigi­mos que saliera el capitán que dirigía la patrulla. Este se nos presentó y nuevamente nos manifestó su negati­va. Ante esto, optamos por regresar y solicitar el permiso.

Nuevamente en el barrio El Rosal nos encontramos con vehículos de la PIP en el que iban de 8 a 9 policías, además la chica Clemencia Ruiz, la hija de la víctima. Ella le solicitó a Hugo que le proporcionara su camione­ta para trasladar a su madre y herma­no a la morgue. Gustosos aceptamos y con ellos fuimos hacia el garaje. Allí la­mentablemente constatamos que las llantas del vehículo estaban bajas y de­cidimos regresar nuevamente con los efectivos de la PIP hacia el lugar de los hechos.

Al llegar a la casa de las víctimas nos dejaron ingresar al interior pero el capitán, nuevamente, nos impidió to­mar fotos. Nosotros le solicitamos que de allí se comunicara por radio a la base militar de Castropampa y le con­sultara el permiso al comandante EP Javier Landa Dupont. El oficial se comunicó con la base y el propio co­mandante ratificó su negativa, or­denándole al mismo tiempo que nos desalojara de la zona junto con los miembros de la PIP. Nuevamente re­tomamos a Huanta.

De la oficina, Hugo se comunicó por teléfono con la base de Castropampa. El comandante Landa le dijo que mejor se acercara a la base para hablar per­sonalmente, porque además tenía datos importantes.

Hugo llamó a su esposa y me dijo para ir los tres por mayor seguridad. No vaya áer una treta y me hagan quedar ’, dijo.

Nos identificamos como periodistas en la puerta de la base militar y des­pués de 20 minutos salió el comandan­te. Eran las 11.05 de la mañana.

Hugo, sonriente, dijo; "Queremos pedirle permiso para poder cumplir con nuestra misión informativa". El comandante le agarró del brazo y hablándole lo apartó de nosotros. Des­pués de dialogar aproximadamente 10 minutos, el comandante antes de des­pedirse de nosotros le preguntó a Hugo quiénes íbamos a ir.

A la señora Margarita la dej amos en su oficina.

Cerca a la repartición del camino ue va a Azángaro, en el fundo La Unión, nos encontramos con una patrulla de la GC.

Trescientos metros más adelante, cerca de una canchita de fulbito, sin decirnos siquiera alto ni quiénes éra­mos, nos empezaron a disparar.

Yo te pueao certificar que los miem­bros del Ejército tuvieron el tiempo necesario para atacarnos de esa mane­ra. Los atacantes estaban disfrazados de senderistas. Tenía pantalón blue jean, otro llevaba una chompa marrón. Solamente la boca con parte de la nariz estaban cubiertas con un pañuelo. Todos eran del mismo tamaño y tenían el cabello corto.

Nos dispararon de los matorrales. Hugo gritaba "¡No disparen, somos pe­riodistas!". Yo también gritaba "¡Se han equivocado, somos periodistas!" Más abajo desde el caserón nos empe­zaron a rematar. Hugo me dijo "¡corre, cojudo, escapa, éstos no son senderis­tas! Yo empecé a correr y a cierta dis­tancia me impactó un balazo en el muslo derecho.

Yo estaba con las cámaras. Volteé para ver si me seguían y pude ver que cuatro de ellos se acercaron donde Hugo. Estaban vestidos de civil, uno de ellos con pantalón marrón a rayas. Otro con camisa blanca. Otro con camisa blanca. Otro con casaca. Nunca nos dijeron nada, ni siquiera alto, tampoco lema subversivo.

Vi que los sujetos se acercaron donde Hugo y grité "¡No lo maten, es hombre de prensa!" Vi que Hugo inten­tó levantarse y ahí escuché fa explo­sión.

Uno de los sujetos que tenía un pañuelo rojo en la cara me comenzó a disparar, yo saqué fuerzas de flaque­zas y corrí, llegando hasta donde esta­ban los militares, a unos 400 metros, donde había ocurrido el asesinato de la señora Primitiva.

A los soldados les pedí que me auxi­liaran y en especial a Hugo. El capitán preguntó qué nabía pasaao, y se demo­raron unos 5 minutos en organizarse.

Cuando llegamos al lugar ya estaba la GC y estaban viendo la forma cómo habían matado a Bustíos. Los del Ejér­cito se pusieron a ver cómo habían sa­lido los disparos. No tuvieron idea de cómo organizarse y buscar algún sos­pechoso.

Luego vino un camión del Ejército y un mayor me vio. Los de la GC le pidie­ron que me llevara donde un médico. El mayor se negó, indicando que era com­prometedor: "De repente se muere en el camino". Luego se dirigió donde estaba la mujer asesinada y ahí se quedó unos 25 minutos. Cuando regre­saron recién me llevaron a un hospital. Pero antes el camión, increíblemente, casi se pierde.

3a GRABACION. SABADO 27, 2:00 P.M. CLINICA SAN FELIPE 314.- Después de conversar extensamente con un redactor de CARETAS y haber hecho diversas declaraciones a otros medios de comunicación, Eduardo Ro­jas Arce, finalmente, respondió lo si­guiente:

-Tu dices que tienes la convic­ción, la seguridad, que han sido paramilitares quienes los han atacado, tanto a ti como a Hugo. ¿Por qué tienes esa seguridad?

-Primeramente las amenazas que hemos recibido en varias oportunida­des venían de parte de las tuerzas del orden y por consiguiente también de arte ae aquellos que indirectamente an colaborado con ellos, o sea los que ahora se dedican a ser jefes de ronaas campesinas o Defensa Civil. Hay quie­nes... yo pienso concretamente que estoy dentro de mis cabales para ase­gurar que han sido ellos, con ayuda de las personas que están detrás de ellos, los que han atentado contra el colega Hugo Bustíos y contra el susodicho.

-¿Quiénes son las personas que están detrás de ellos?

-Los que asesoran las rondas cam- pensinas son los militares. Son ellos que están detrás de las rondas campe­sinas y detrás de la Defensa Civil. Yo pienso que ellos deben ser los que deben saoer ahora más concretamente toda la situación y la realidad de lo que ha acontecido el día jueves a medioaía.

-¿Tú con esto quieres decir que los militares, en una acción coordinada, dirigieron a los paramili- tares, como tú los llamas, para atentar contra ustedes?

-Efectivamente, sí. Coordinada ha sido esta acción para que puedan aten­tar contra nosotros. Yo creo que ha sido dirigida por los militares.

-Ahora, las rondas campesinas y los grupos de Defensa Civil tie­nen un accionar distinto al de los paramilitares conocidos común­mente, ¿no es cierto? Por lo gene­ral tratan de capturar senaieris- tas, los entregan a las autoridades. Al menos eso es lo que se ha visto hasta ahora. Esta sería entonces una de las primeras acciones en las que atentarían en forma arma­da, directa, contra periodistas o gente que pasa por la carretera.

-No sólo contra periodistas o gente que pasa por la carretera (atentan), sino contra aquellas personas que se identifican plenamente con la pobla­ción y denuncian los abusos aue ellos cometen. Contra ellos van dirigidas esas acciones oscuras que ellos tie­nen/...) y contra aquellos que denun­cian hechos que salen fuera de los límites o las limitaciones que tiene el Ejército o las fuerzas del orden, como quieran llamarse.

-¿Por qué esa seguridad de que son paramilitares? ¿Qué elemen­tos de juicio te permiten identifi­carlos como tales?

-Yo diría que han tenido que orga­nizarse bien, aunque ellos (primero) no sabían que nosotros íbamos el jueves en la mañana al lugar de los hechos con Bustíos. Recién el Eiército se entera cuando llegamos al lugar donde ha­bían victimado el día anterior a dos personas. Retomamos (pero) con la Policía de Investigaciones, y al ir con la Policía de Investigaciones por segunda vez, seguramente se abstuvieron ya de poder atacamos. También regresamos (a Huanta) con la Policía de Investiga­ciones. Ellos sabían que no habíamos cumplido con la labor periodística que nos había llevado hasta la parte baja de Huanta, que teníamos que tener un permiso especial, y para ello segura­mente tenoríamos

-Ahora ¿no te parece extraño que en tan breve lapso, entre idas y venidas para recoger el permiso, aparezca un grupo armado de pa­ramilitares del lado del Ejército, (cuyos efectivos) estaban a esca­sos 400 metros, y de una patrulla de la Guardia Civil que se acerca­ba al mismo tiempo? ¿No crees que m¿8 bien ha sido un acto coinci­dente? Sendero Luminoso, por ejemplo. Ustedes habían pasado varias veces en moto y tu sabes que ellos exigen que los paros sean acatados.

-Nosotros somos hombres de pren­sa. En muchos paros hemos cumplido también con nuestra labor informativa y no hemos tenido ningún incoveniente en movilizamos de un lugar para otro para confrontar, verificar de qué magnitud era el paro. Entonces es una deducción lógica. Sería una coinciden­cia demasiado grande aue los terroris­tas o senderistas nos nayan atacado sin mediar palabra alguna, sin decir­nos alto, como ellos están acostumbra­dos a decir.

-O sea que la acción ha sido to­talmente atípica en cuanto a los senderistas, según lo que me dices, y tú atribuyes más esto a una acti­tud de grupos paramilitares diri­gidos, y en este caso específico ordenados, por los propios milita­res.

-Sí, efectivamente. Esa es mi con­vicción total, colega.

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