Daniel Figurresti y Ricardo Belmonse se dieron un baño de popularidad en el Centro de Lima.
Daniel Figurresti y Ricardo Belmonse se dieron un baño de popularidad en el Centro de Lima.
Edición 2559: Jueves, 4 de Octubre de 2018

Humor Negro

Por:Jaro Adrianzén |

Daniel Figurresti y Ricardo Belmonse se dieron un baño de popularidad en el Centro de Lima.
Daniel Figurresti y Ricardo Belmonse se dieron un baño de popularidad en el Centro de Lima.

Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia. Con el semblante tosco, la camisa negra y una firme voz de mando, Daniel Figurresti promete cerrar los míticos night clubs capitalinos Las Cucardas y Las Conejas. Los parroquianos que pasean por el Mercado Central lanzan un mal camuflado grito de indignación. Uno que otro lo abuchea. Pero el candidato recupera a la masa cuando anuncia que también tiene en la mira de su fusil al Congreso. Campechano, interroga a los comerciantes: está prohibido falsificar pero no inventar. Su auspicioso primer lugar en las encuestas le ha dado un espaldarazo anímico. Tanto es así que confía en librarse de la acusación de asesinato que pesa en su contra. Y cree que vencerá a uno de sus rivales, Ricardo Belmonse Cachinelli. El candidato del partido de la PTM –cuyo símbolo es de inexplicable parecido a la bandera china comunista– no cree en el empate técnico de las encuestas. “Ricardo está punteando, tú sabes que yo punteo todavía”, dice refiriéndose a sí mismo en tercera persona y con un elocuente movimiento de pelvis. Y agrega: “Lima es cuadrada porque entras y te cuadran”. Se pasea por el Jirón de la Unión y se cruza con más de un venezolano. Pero disimula y divierte a los transeúntes. Bajo su piel y la de Figurresti está el inagotable Carlos Álvarez, quien dejó de lado sus aspiraciones políticas al sillón municipal. En marzo pasado, el humorista político alcanzó un 2% de intención de voto según una encuesta de CPI (CARETAS 2531), pero nunca llegó a oficializar su candidatura con Vamos Perú. Enhorabuena. Álvarez prefirió seguir en lo suyo: hacer sorna carnavalesca de los poderosos. O de los que pretenden serlo.    

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