Edición 2551: Viernes, 10 de Agosto de 2018

¿Cómo y por qué crecen las ciudades?

Escribe: José Ignacio Pacheco | Decano de la Facultad de Arquitectura de la Universidad Privada del Norte.

¿Se han planteado esta pregunta? Damos por descontado que se van agrupando casas, edificios, fábricas y calles. Pero la ciudad es mucho más que la acumulación de viviendas y avenidas. Las ciudades son entes vivos, mecanismos de producción de riqueza, artefactos grandiosos que al crecer y mejorar hacen crecer a los países. Es el mejor invento de la humanidad.

La ciudad es un cuerpo con muchos componentes que resuelven funciones vitales del conjunto de la sociedad: (ir a) trabajar, estudiar, divertirse, atenderse médicamente, alimentarse, comprar, vender, pasear, etc.

Todas estas actividades y muchas más generan millones de interacciones, desplazamientos, que se repiten diariamente y que se pueden medir y cuantificar. Se pueden hacer estudios de movilidad urbana para resolver los flujos de desplazamientos armónicamente.

De eso depende que se generen experiencias o relajadas donde ahorremos tiempo y la ciudad se vuelva más productiva. Pero no basta que haya estudios al respecto; también debe de haber armonía en las soluciones, y para eso son los planes urbanos de desarrollo. El problema es que no se realizan estos estudios, y por si fuera poco el plan urbano que había fue desechado de plano  sin que a la ciudadanía se nos explique por qué.

Dentro de este caos hay un problema muy grande, que se observa desde lejos y que todos criticamos. Que afecta a millones de personas en Lima, que les hace la vida muy difícil al invertir una cuarta parte o más de su tiempo en trasladarse, en buscar agua, en acceder a su vivienda.

Al mirar el problema como urbanistas vemos asentamientos irregulares, como arquitectos vemos viviendas precarias, como abogados veríamos ilegalidad e invasión y como ingenieros veríamos vulnerabilidad (si lo fuéramos).

Pero ¿cómo lo veríamos si cada uno de nosotros fuera por un instante un peruano emigrado de la sierra en los años 80, sin recursos y con niños? ¿O como hijo de la selva que se ha venido a Lima en los años 90, recién casado y con un bebito? ¿O como alguien nacido en la costa norte o sur, en cualquier año, y que por necesidad ha llegado a Lima buscando una vida mejor y no tiene dónde vivir, ni maletas con ropa, ni empleo fijo, ni dinero en el banco, ni 4×4, a veces ni zapatos?

 En un cálculo aproximado, son entre 4.5 y 6 millones de personas las que han emigrado a Lima, desde los años 60.

¿Qué ha hecho el moderno Estado peruano por estos millones de personas?

Estas personas han llegado a asentarse en donde han podido, por sus medios y muchas veces comprometiendo su salud y sus años de vida. Y gracias a su esfuerzo han sobresalido. Muchos de ellos ya tienen a sus hijos en la universidad y han logrado que las nuevas generaciones tengan un futuro mejor. Son emprendedores por convicción o a la fuerza. Los que llegaron antes de hecho forjaron ciudad y ciudadanía.

La ciudad tiene eso, ayuda a fortalecer la economía. Es un polo de atracción. La ciudad ayuda a mejorar la vida de las personas. No es algo nuevo.

Los moradores que practican la autoconstrucción generan el crecimiento de la ciudad y tienen esta fortaleza fruto de su necesidad. Y se aprecia en el crecimiento de la ciudad que ellos han propiciado. Este crecimiento con el paso de los años se consolida y forma ciudad.

Visto así, los asentamientos en los cerros de Lima tienen potencial. Hay que ayudarlos. Reubicar a los más vulnerables y diseñar programas de vivienda en autoconstrucción que les ayude a mejorar sus barrios. Con asesoría para confinar taludes, para mejorar sus calles. Con programas de vivienda social en los vacíos urbanos que ya cuentan con servicios.

Visto así, como emigrantes expuestos a las mototaxis, ahuyentando a los perros al llegar por la noche, subiendo bolsas de comida, baldes de agua quinientos metros al volver del trabajo…

Con todo eso, para ellos, venir a vivir a Lima ha sido venir a la ciudad inclusiva.

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