Edición 2538: Lunes, 14 de Mayo de 2018

El fenómeno de inmigración del campo a la ciudad en Lima

Escribe: José Ignacio Pacheco | Decano de la Facultad de Arquitectura de la Universidad Privada del Norte.

“Cuando se acusa que todo el caos de la ciudad y esta especie de degradación estética tiene que ver con la migración andina a la ciudad, con los pobres, la cantidad de barriadas que se han construido, se parte de la premisa que esto nunca existió, que Lima siempre fue bien construida y que todos vivían bien. Falso.”

Wiley Ludeña, en entrevista de Javier Lizarzaburu  - Lima Milenaria

Todas las culturas, todos los territorios, todas las ciudades han experimentado alguna vez o siguen experimentando ese fenómeno sociocultural que es la inmigración humana. Está en nuestros genes.

Desde que comenzamos a salir de África en varias oleadas hace unos trescientos mil años, como homo sapiens lo nuestro es movernos, conocer otros lugares, buscar aquellos sitios que nos hagan la vida más llevadera, que nos brinden nuevas experiencias o donde podamos ser más productivos y mejorar la economía familiar, donde podamos alimentarnos mejor. En casos extremos necesitamos movernos para salvar la vida propia y muchas veces también la de nuestros seres queridos.

Asimilándolo de modo externo e impropio, nos cuesta reconocer este movimiento de personas que alguna vez han llegado o se han ido a alguna parte como algo bueno y natural. Pero cuando estas personas, cuando estos seres humanos iguales a nosotros llegan a buscar cómo ganarse la vida a donde uno ya está asentado, y de pronto debemos compartir con ellos un espacio urbano, o nos brindan un servicio, aparecen voces irreflexivas que los cuestionan, que comienzan a señalarlos como parte de los problemas que ya existían (y que existirían igual sin ellos y ellas). Esta visión parcial es errada.

La inmensa mayoría, casi todos hemos venido o hemos ido para algún lado. Basta con recorrer la historia familiar hacia atrás en el tiempo, o ver las poblaciones de ciudadanos del Perú en varios países del extranjero, o las oleadas de hermanos venezolanos que necesitan vivir en paz.

Pero esta cuestión no es puramente sociológica y cultural. Tiene una connotación urbana notable. Lima ha sido capaz de absorber cientos de miles, millones si sumamos en el tiempo, de migrantes. Y no hablo de la migración del siglo XVI que vino cruzando los océanos, o la de finales del XVIII y principios de XIX de Asia o Europa. La ciudad de Lima ha crecido básicamente por la migración del campo a la ciudad.

Hay un tema que muchas veces no se observa cuando se habla de Lima. El Perú tiene macrocefalia. Vemos una gran ciudad capital, enorme, desproporcionada, con muchos problemas, que concentra 11 millones de personas, un tercio de la población nacional. Y fuera de Lima vemos ciudades medias importantes que no llegan al millón de habitantes, con un desarrollo regional pobre y débil en sus infraestructuras, en sus equipamientos y servicios.

Lima pasó de casi 800 mil habitantes en 1940 a poco más de 10.2 millones en tan solo 77 años. Esto equivale a crecer más de un millón de habitantes cada diez años. Si tomamos en cuenta el tamaño actual de ciudades como Trujillo (814.9 mil habitantes), Arequipa (888 mil habitantes) o Chiclayo (582 mil habitantes)[1], comprendemos que el volumen mayoritario de población que ha migrado del campo ha pasado a ser población urbana de Lima a un ritmo acelerado desde la década del 60.

En el mundo la población pasó a vivir mayoritariamente en ciudades en agosto de 2007[2]. En el Perú esto ocurrió casi cincuenta años antes (ver cuadro anexo). Hoy la población urbana en el Perú es el 77%[3]. Es decir, más de tres cuartas partes vivimos en ciudades.

La ciudad de Lima dio cabida a estas amplias capas de población desarrollando una ciudad informal que va pasando a ser ciudad formal. Eso sí, desatendida por el Estado y con muchas carencias.

[1]CPI

[2] ONU

[3] ibidem

 

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