‘Barrabás’ es el entrenador más querido de Barrios Altos y La Victoria.
‘Barrabás’ es el entrenador más querido de Barrios Altos y La Victoria.
Edición 2525: Jueves, 8 de Febrero de 2018

El Barrabás Del Fútbol

Escribe: Julio Heredia | Descubrió a seleccionados y goleadores. Sueña dirigir una academia gratuita para niños de pocos recursos.

‘Barrabás’ es el entrenador más querido de Barrios Altos y La Victoria.
‘Barrabás’ es el entrenador más querido de Barrios Altos y La Victoria.

Cuando apenas tenía 12 años, el club Arango de La Victoria quiso ficharlo. El problema fue la autorización parental. Barrabás admite −sin una pizca de rencor− que su disipado padre ni se ocupaba de él. Pero entonces el señor Gutiérrez, trujillano él, que era muy afecto a los tragos, se dejó tentar y a cambio de una caja de cerveza firmó ante el juez de menores para que su niño, en un insólito, debutara en primera división  defendiendo la divisa de ese club de la Liga departamental de Lima.

Eduardo Armando Gutiérrez Pineda, como casi nadie lo ha llamado nunca, carga desde los 7 años con el apelativo que lo ha hecho famoso en los barrios más tradicionales de la vieja Lima. Había nacido en la cuadra 4 de Luna Pizarro, en La Victoria, y durante una Semana Santa, jugando a las escondidas, entró corriendo para escabullirse en el cuartito del carbón de la picantería “La arequipeña”, y de entre un cogollo de parroquianos que bebía fervorosamente surgió, señalándolo, un grito jocoso ¡Allí está Barrabás! Fue el segundo y definitivo bautizo de un bohemio inspirado en las películas de la pasión de Cristo, a un niño que, 53 años después, lleva ese fortuito apelativo con orgullo.

“Al poco tiempo, cuando entré a los infantiles del Municipal, ya todo el mundo me llamaba Barrabás”. En los Evangelios, según Juan, Barrabás era “un bandolero”, y Mateo dice simplemente que “era un preso famoso”. En todo caso es aquel personaje a quien la plebe prefirió en lugar de Jesús. Lo indultó Pilatos. Dicen los exégetas actuales que se trataba de un insurrecto, alguien que combatía la tiranía romana, y no de un vulgar delincuente.

Tiene alma de niño, por eso los entiende y disciplina. Entre sus descubrimientos está Anderson Santamaría.
Tiene alma de niño, por eso los entiende y disciplina. Entre sus descubrimientos está Anderson Santamaría.

Nuestro Barrabás la ha librado con justeza, pues el barrio, la desidia familiar y su propio temperamento amiguero y audaz, hubieran podido conducirlo por las sendas sin retorno. Pero para él, el fútbol fue un precoz y definitivo vicio. Hasta ahora su carácter es juguetón y distendido, pero todo indica que tuvo madera de líder desde temprano. “A los 15 ya era entrenador de niños de 12”, cuenta. Y en cuanto a las peripecias de su vida, “daría para varios libros”, y hay en ella muchas paradojas. De un lado, supo lavar carros, lustrar zapatos y cantar en los micros (boleros de Javier Solís) para sostenerse, nunca robó; y, por otro, ver con contradictorio orgullo que era nieto de la ‘reina del tomate’ del mercado mayorista de La Parada, nada menos: “Mi abuela, doña Carolina Munayco,  tenía 5 puestos, manejaba muchísimo dinero”.

Siendo aliancista de raigambre, también pasó por la U y entre sus ‘cumpas’ está Pitín Zegarra, Cubillas, JJ Oré, Cueto y muchos más. Ha jugado para los masters de Alianza hasta que una catarata mal tratada le dañó una córnea, pero desde entonces entrena con más ahínco. Ha descubierto a incontables talentos en los barrios de Lima y también en provincias como al tingalés Ánderson Santamaría, llamado “la muralla peruana” en el Puebla de México, que ha sido convocado por Gareca a la selección nacional que se batirá en Rusia 2018. Mucho antes, encaminó a Johan ‘Cholito’ Sotil y tiene el pesar de no haber podido salvar “a un muchacho que tenía grandes condiciones”, Juan Aguilar Chacón, el famoso ‘Canebo’ del mundo carcelario, “las autoridades no me apoyaron”, dice con tristeza.

Ahora, entrena a sus pupilos en el campo deportivo del Barrio Obrero victoriano, y acaricia el sueño de un sistema de academias gratuitas en los sectores populares. Los poderosos tienen la palabra.

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