Edición 2523: Jueves, 25 de Enero de 2018

¿Qué significó ser voluntario del papa Francisco?

Casi 500 jóvenes ayudaron con la visita del santo padre.

Miles de personas con polo morado se reunieron en determinados puntos de la capital. No se trataba de un apoyo hacia un próximo candidato, ni un aliento a un partido político. Eran jóvenes entre 18 y 25 años que aprovecharon estos cuatro días que el papa Francisco iba a pisar tierras peruanas por primera vez

Juntos formaron La Guardia del papa, un grupo de personas carismáticas que se reunían desde mediados del año pasado ni bien se enteraron de la venida del papa Francisco. Sacrificaron horas, días y hasta priorizaron las reuniones que tenían por encima de todo.

¿Qué se tenía a cambio? Absolutamente nada. El apoyo era voluntario y eso fue sinónimo de que aún hay gente que le gusta servir, a pesar que se viva en una sociedad tan materialista.

La tercera semana de enero fue providencial para los jóvenes que eran voluntarios, ya que el 18 de ese mes llegaba el papa. El sol, adornó para algunos, la Nunciatura Apostólica. Siete horas de pie, sin voz y algunos sin almorzar. Así estuvieron la gran mayoría de personas que fueron a ver a Francisco. “Esta es la juventud del papa”, se escuchaba por todo ese tramo cerrado de la avenida Salaverry. Fue todo un sacrificio.

Ese día significó el inicio de la visita del papa. Luego llegaría el sábado 20. Un día antes de la misa en la base aérea Las Palmas. Desde las 5 p. m. fueron citados para ser distribuidos en los diferentes sectores del terreno.

Tres galletas, dos jugos en cajita, caramelos de chicha y limón, chocolates y un agua ionizada de limón fueron parte del refrigerio de estos jóvenes para parte de la noche y madrugada. Además, esa madrugada estaba lloviznando y tenían que dormir en la tierra. Cualquiera hubiese tirado la toalla, pero la fe de estos chicos pudo más.

Las horas para que llegue el papa Francisco pasaban y desde temprano el sol ya estaba quemando. Eso no le importó a los más de 1 millón 700 mil personas que vinieron desde distintas partes del país y que recibían cada dos horas los chorros de agua que distribuían los bomberos. 

El sacrificio fue duro, pero la experiencia de miles de católicos que se hicieron presentes en esos metros de la avenida Salaverry y la base aérea Las Palmas sirvió para reafirmar que la fe está intacta en muchos peruanos.

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