La moto que conduce Jacques Barrón pesa, con instrumentos de navegación y doble tanque de gasolina para mayor autonomía, 150 kilos.
La moto que conduce Jacques Barrón pesa, con instrumentos de navegación y doble tanque de gasolina para mayor autonomía, 150 kilos.
Edición 2520: Viernes, 5 de Enero de 2018

Jacques Barrón: “El Perú es la parte más bonita del Dakar”

Motociclista peruano ha estado en cinco versiones de la carrera más exigente del mundo.

La moto que conduce Jacques Barrón pesa, con instrumentos de navegación y doble tanque de gasolina para mayor autonomía, 150 kilos.
La moto que conduce Jacques Barrón pesa, con instrumentos de navegación y doble tanque de gasolina para mayor autonomía, 150 kilos.

Jacques Barrón, 55, motociclista de corazón, ha hecho el Dakar cinco veces. Cuatro de manera oficial y una anterior sin registrarse cuando esta competencia llegó, en el 2009, por primera vez a Sudamérica. Junto con un amigo peruano equiparon rústicamente sus máquinas y se fueron siguiendo a los competidores por Argentina y Chile. “Fuimos a la mala”, pero a pesar de eso les quedó las ganas de inscribirse en la carrera más exigente del mundo.

El Dakar llegó al Perú por primera vez en el 2012. Se corrió otra vez en el 2013 y ahora regresa al país después de cinco años.  Para Barrón, a los franceses les gusta el Perú “porque tiene los terrenos más difíciles y hay harta afición”. América del Sur es además una región del mundo donde hay “cero peligro”.

Así es como estaba Jacques Barrón después de un día y medio de desaparecido. A pesar de todo, sonriente.
Así es como estaba Jacques Barrón después de un día y medio de desaparecido. A pesar de todo, sonriente.

Tradicionalmente esta carrera se hacía de París a la ciudad de Dakar en Senegal. Pero afines de los año 2000 un vivac (campamento) entero con pilotos y mecánicos fue secuestrado y el siguiente año los organizadores recibieron amenazas de varios otros países del continente africano por lo cual tuvieron que cancelar el Dakar completo. Es por eso que decidieron buscar nuevos terrenos y llegaron a América del Sur.

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En el Dakar de este año Barrón no participará. “La jefa de la casa” ya no lo deja. Su afición a la moto ha tenido consecuencias físicas bastante serias, lo cual sería casi imposible poder terminar la ruta.

Hoja de ruta colocada en la lectora que se maneja a través de un botón en el timón.
Hoja de ruta colocada en la lectora que se maneja a través de un botón en el timón.

A pesar de los desafíos y los grandes retos por los cuales hay que atravesar en esta carrera, para el peruano Jacques Barrón el Dakar es una diversión. Él lo describe como “un paseo que me organizan unos franceses donde me ponen un montón de pruebas en el camino, con toda la seguridad del mundo. Si me caigo y me pasa algo, aprieto un botoncito, me recogen y me llevan”. A pesar de ser “recontra exigente, para mí es turismo”.    

Barrón señala que la versión oficial del Dakar es: “una carrera muy fuerte”. A tal punto que la gran mayoría de la gente no llega por eso. De las cuatro veces que él participó, solo logró llegar a la meta final una vez.

Barrón es ingeniero de profesión y tiene todas sus participaciones contabilizadas. “Yo hacía 13 horas al día y durante las cuales tenía un promedio 11 caídas o recostones”. Cosas más serías como “revolcones” ocurre pero “son uno cada dos o tres día”.

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Los pilotos tienen que ir interpretando todos los símbolos del roadmap.
Los pilotos tienen que ir interpretando todos los símbolos del roadmap.

El Dakar en Perú es mucho más desafiante que en otros países por donde pasa esta carrera en América Latina. La razón es porque aquí “hay mucha navegación” en el desierto lleno de inmensas dunas, parecidas a las africanas, y sobre las cuales “hay que saber cómo atacarlas”. Barrón es testigo que para un bueno grupo de los pilotos internacionales “estas son una pesadilla”.

Durante la competencia, la navegación consiste en leer el “road book” (la hoja de ruta) que los organizadores entregan a cada piloto y varía de acuerdo con el tipo de vehículo.  En el caso de las motos, es un rollito de papel que va en un aparato tipo lectora que se controla con un botoncito desde el timón. Barrón señala que para poder leer esto tiene que ir parado y conforme avanza va leyendo e interpretando los símbolos de los obstáculos que vienen en el camino. “Es como un músico que va leyendo lo que viene pasar después”.  Todo esto a un promedio bruto de velocidad de 60 kilómetros por hora. Hay tramos donde llega hasta 100 o 120 kilómetros por hora.

La moto sola pesa 105 kilos pero a esto se le agregan los instrumentos necesarios para poder navegar y otros que el Dakar entrega a cada piloto. Entre ellos hay varios de seguridad. Por ejemplo, “si un competidor te va pasar, hace que te suene una sirenaza, no un ti ti” para que uno se mueva rápidamente “porque pasan forrados”. Tal es el polvo que levantan que “uno tiene que parar porque, por unos minutos, no se ve nada”.

La ruta de este Dakar ha sido trazada entre los organizadores franceses y el INC. Toda zona sensible esta debidamente demarcada.
La ruta de este Dakar ha sido trazada entre los organizadores franceses y el INC. Toda zona sensible esta debidamente demarcada.

“Todo el día es un reto”, asegura Barrón. “El camino es complicadito, te van poniendo zanjas, huaicos, sitios por donde no puedes pasar, dunas, etc”.  Para eso te dan el road book donde kilómetro por kilómetro te van poniendo una serie de símbolos, y siglas como NB, que en francés significa piedras, S, es una cumbre, SS, ten cuidado, DZ indica límite de velocidad porque se está pasando por una zona sensible, etc. 

La ruta de los 14 días del Dakar está dividida entre enlaces y especiales. Un enlace por ejemplo es de Lima a Pisco y un especial es una ruta específica dentro del desierto que puede ser de 300 a 500kms y donde están todos los obstáculos.

El road book con la ruta solo se entrega una noche antes, una vez que cada piloto haya llegado al vivac.  En el caso de los autos, el encargado de leer estos símbolos es el copiloto y según Barrón “la habilidad de los capos es poder leer una sola vez y lograr retener la información de qué serie de obstáculos vienen”. Y por lo general, estos pilotos llevan la delantera y ni siquiera tienen huella por la cual guiarse.

Siempre que ha participado, Jacques Barrón se ha logrado mantener entre los puestos 60 y 100 de las 200 motos que se inscriben. Eso significa que tiene al menos 60 huellas con las cuales puede darse una idea por dónde seguir. “Eso sí, asegura, a veces también se despistan todos”. Si pasa eso, todos tienen que volver a la hoja de ruta para seguir navegando y econtrar el camino correcto.

Instantánea tomada en el caserío argentino donde los pobladores respetaron su sueño.
Instantánea tomada en el caserío argentino donde los pobladores respetaron su sueño.

 La ruta para este Dakar ha sido cuidadosamente trazada por los organizadores y personal del Instituto Nacional de Cultura que supervisa que no haya ni un peligro en malograr algún resto arqueológico. Para eso se ponen unos waypoints, unos puntos en el camino que tiene 200 metros de radio, y por donde todos los participantes están obligados a pasar. Conforme uno va pasado se activa uno de los instrumentos en la moto. Al llegar al siguiente vivac, se descarga la información de manera inalámbrica y si falta alguno hay una penalidad. “Si te comes tres, quedas descalificado”. También hay multas por exceso de velocidad y otros incumplimientos varios. Todas se pagan al final de día y en efectivo, “euros o dólares”. Si no no se paga, no se puede seguir compitiendo.

Además de dinero, la participación en el Dakar requiere de una buena preparación física de al menos un año. Y donde en una semana típica de entrenamiento hay que salir a correr todos los días, entrenar una hora de boxeo dos veces por semana y hacer tres días de gimnasio o natación. Sábado y domingo es para “motear como loco” en las dunas y en recorrido de 300 a 500 kilómetros.

A esto hay que hacer el trabajo de conseguir auspicios para cubrir el costo de alrededor de US$ 80,000. Este precio incluye las motos – se necesitan dos –,  el registro, el apoyo mecánico y las noches en los vivacs.

Jacques Barrón tiene muchas anécdotas que contar de las veces que participó. En una se perdió durante un día y medio porque se enlodó y tuvo problemas mecánicos. Eso hizo que durmiera en el medio del absoluto desierto donde le agarró el cansancio. En otra oportunidad, mientras cruzaba la frontera entre Chile y Argentina, llegó a un caserío a varios metros de altura. Al verlo agotado, los habitantes del lugar le abrieron una casita donde habían unos colchones en el piso. Aceptó con gran gusto y a partir de ese momento el pueblo enmudeció. Un policía aseguró que nadie le interrumpiera el sueño parándose en la puerta. 

Aunque siempre quiere participar, Jacques Barrón y un grupo de amigos seguirán este Dakar simplemente como espectadores.

Este año Barrón no participará, pero el recordar las aventuras vividas en las ediciones anteriores del Dakar lo pone feliz.
Este año Barrón no participará, pero el recordar las aventuras vividas en las ediciones anteriores del Dakar lo pone feliz.

 

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