Edición 2520: Domingo, 31 de Diciembre de 2017

(In) Feliz Año 2018

Una reflexión de Fernando de la Flor Arbulu sobre los 12 meses que se avecinan.

De cómo los peruanos sepamos separar la paja del trigo, dependerá nuestra manera, satisfactoria o no, de enfrentar el año 2018. La mencionada frase, de vieja data, es una lección de la vida: persigue no confundir ni mezclar las cosas, hacerlas bien. Entiéndase como lo equivalente a bienestar, el de cada quien y de los suyos.

Después de la frustrada operación de la vacancia presidencial y del tantas veces anunciado (¿inoportuno?) indulto a Alberto Fujimori, todo pareciera indicar que se nos avecina un año políticamente inestable, henchido de banalidad y falsa relevancia. Entre la incierta unidad del fujimorismo, la búsqueda del antídoto para curar la esquizofrenia de la izquierda y la habitual desorientación de los partidos políticos tradicionales, todo en el medio de grandilocuentes discursos y peticiones irresponsables, es probable que nos consumamos el año por venir.

En la línea de las revelaciones del caso Lava Jato y sus consecuencias, tendremos más allanamientos, prisiones, acusaciones y juicios. Todo dependerá de cómo se sigan comportando los fiscales y los jueces, o de hasta dónde se les permitirá hacer su trabajo.

Sin embargo, si aisláramos ese mundillo de la política criolla, colmado de escándalos y continuas decepciones, sin afectar nuestro legítimo derecho a conocer y manifestarnos,  al extremo de evitar por todos los medios que pudiese originar mayores daños, o, dicho en lenguaje de padecimiento, si pudiésemos evitar la metástasis de ese cáncer despreciable de la corrupción y sus efectos colaterales, entonces, podríamos sacarle provecho a la próxima visita del Papa Francisco, entusiasmarnos con nuestra selección de fútbol durante el mundial de Rusia 2018, y seguir trabajando cada uno en su quehacer para abonar en que nuestras potencialidades nacionales se conviertan en realidades.

Ojala que nuestra clase política, hasta que se renueve toda, siga alimentando los libretos de los programas cómicos; que retome la discusión de cosas insustanciales; que se abstenga de decidir sobre cuestiones relevantes que pudiesen afectar nuestro bienestar, de forma tal que no contamine lo útil, lo importante, lo que hace país, más aún si los pronósticos económicos son promisorios.

Solo si, y siempre que, la política minúscula siga su propio curso de implosión, controlándosele en su capacidad de hacerle daño al país, los peruanos tendremos un feliz año 2018. No intentar hacerlo o no conseguirlo, creo que nos hará infelices.

 

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