Forsyth con artista y esposa, Liliana Yábar. Preparaban libro de conversaciones.
Forsyth con artista y esposa, Liliana Yábar. Preparaban libro de conversaciones.
Edición 2517: Jueves, 7 de Diciembre de 2017

Szyszlo y el Surrealismo

Escribe: Harold Forsyth | De cómo Fernando de Szyszlo conoció a André Breton en París y fue influenciado por el surrealismo. Entrevista inédita.

Forsyth con artista y esposa, Liliana Yábar. Preparaban libro de conversaciones.
Forsyth con artista y esposa, Liliana Yábar. Preparaban libro de conversaciones.

Era un escolar cuando vi a Fernando de Szyszlo por primera vez, en la calle Shell y a punto de abordar su auto sport descapotable. Ya era una figura reconocida y con el correr del tiempo se convirtió en un ícono de la cultura universal. Pero así no hubiera sido el gran artista que fue, su compromiso con la democracia en el Perú lo hubiera colocado de por sí entre los grandes peruanos. Por eso un día le propuse que la historia del Movimiento Libertad, que había nacido en 1987 bajo el liderazgo de Mario Vargas Llosa, y al cual Fernando se sumó decididamente, tuviera una narrativa a través de un diálogo que podríamos concluir en un libro.

El proyecto se postergó y nos comprometimos a terminarlo en enero o febrero del 2018. Eso ya no será posible aunque publicaremos, en el futuro, los fragmentos de las conversaciones que sí pudimos materializar. Aquí un extracto de la segunda sesión (23 de agosto del 2016).

–Cabe hablar de tu experiencia con Breton, el surrealista puro, pero además militante del Partido Comunista Francés. El más estalinista de toda Europa.

Y muy importante. El más grande de Francia.

–Un partido comunista tan fuerte y tan estalinista que nunca te atrajo.

–Nunca. Es que yo llegué a París con una formación muy de izquierda, pero muy surrealista. Los surrealistas siempre fueron anti estalinistas. Eran trotskistas.

–Quiere decir que la formación la habías adquirido en Lima.

–Era muy lector del surrealismo aquí. Había un grupo surrealista.

–Que sin embargo no tenía un correlato en la pintura.

–Un pintor surrealista no había.

–¿No quiere eso decir que la prédica trotskista te sedujo en algún momento?

No, nunca. Era un liberal de izquierda, nunca he leído a Marx. Pero la revolución y la Guerra Civil Española sí me interesaban mucho. 

André Breton (1896-1966): poeta, ensayista y principal teórico del surrealismo.
André Breton (1896-1966): poeta, ensayista y principal teórico del surrealismo.
–¿Y tu encuentro con Breton?

–Fue gracias a Octavio Paz, como muchas cosas. Octavio nos llevó a Blanca y a mí, tenía reuniones semanales del grupo surrealista. El grupo surrealista vivía del otro lado. El París que yo conocí era el de Saint-Germain-des-Prés, con el Café Flore, en el barrio de los surrealistas. Los surrealistas seguían en Montmartre al norte de París. Claro, con el metro no había ningún problema. Ahí vivía Breton, a dos cuadras del Boulevard de Clichy, muy famoso por las boîtes y el Moulin Rouge. Y en el Boulevard de Clichy había un café que se llamaba Place Blanche,  que es donde se reunían los surrealistas, y Octavio nos llevaba algunas veces, o sea que ahí conocí a todos los surrealistas y un par de veces Breton nos invitó a su casa, que era muy raro que invitara.

–¿Cómo te manejabas con el idioma?

No sabía nada. Pero leía mucho. Leyendo los periódicos y yendo al cine aprendes sin darte cuenta.

–Y entonces cómo fue lo de Breton.

–Bueno entonces nos llevó a su casa, un pequeño departamento que era mítico en la 42 rue Fontaine de Montmartre. Nada de prólogos, nada de entrevistas. Ese departamento tenía como un museo de arte adentro: Picasso, Miró, Dalí.

-Pero Octavio Paz no era famoso.

-Curiosamente, Octavio Paz no era famoso. Octavio, cuando tenía 23 años, recién casado, fue invitado al congreso antifascista de Valencia, que fue una reunión mundial. Estaba toda Europa: André Malraux, André Gide, André Breton. Y Octavio estaba de delegado, entonces conocía a todo el mundo.

Café Flore, epicentro del Saint-Germain-des-Prés, barrio de los surrealistas.
Café Flore, epicentro del Saint-Germain-des-Prés, barrio de los surrealistas.

–¿Cómo los veía Breton?

–Todos los latinos lo admiraban. Breton era un jefe de cine completo.

–Y ¿cómo era tu relación con él?

–Durante estas conversaciones con Octavio y con él yo tenía 24 años. Era un latinoamericano impertinente que hacía preguntas desagradables. Me quejé con él por un artículo del poeta Joan Peret en el Almanaque Surrealista del medio siglo. El texto se llamaba La sopa deshidratada: era un artículo contra el arte abstracto. Decía que el arte abstracto era como la sopa deshidratada: metes una pildorita y se convierte en un caldo. Entonces yo dije que cómo era posible que entre los postulados del surrealismo esté la escritura automática, la poesía automática, la pintura de sueño y que, sin embargo, lo que uno inconscientemente siente no esté.

–Lo emparenta con el surrealismo.

–Claro, entonces Breton me dijo mire, venga usted conmigo, Péret puede escribir lo que quiera, pero vea usted, acá hay un Kandinsky, acá hay un Miró, un Klee, un Gale, todos los pintores precursores de la pintura abstracta más impresionista, entonces me dijo, ¿Peret cree eso? Yo lo respeto, pero eso no lo creo. Y lo invité para que fuera a mi exposición.

–¿Que tuvo un relativo éxito, no?

–No, no diría yo. Fíjate que con el tiempo me he dado cuenta que mi pintura fue abstracta durante unos pocos años, pero después cada vez más ha sido más cercana al surrealismo abstracto. Yo había leído todo Breton, lo había traducido para la revista que publicaba aquí, incluso había traducido algunos de los poemas que salieron en ese almanaque surrealista. O sea que estaba muy cerca de él.         

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