Remigio Huamán, un peruano en pos del título de la más dura maratón. Derecha, Rachid El Marabity, cinco veces ganador de La marathon des sables, en el desierto iqueño.
Remigio Huamán, un peruano en pos del título de la más dura maratón. Derecha, Rachid El Marabity, cinco veces ganador de La marathon des sables, en el desierto iqueño.
Edición 2516: Jueves, 30 de Noviembre de 2017

El Sahara en Ica

Remigio Huamán, un peruano en pos del título de la más dura maratón. Derecha, Rachid El Marabity, cinco veces ganador de La marathon des sables, en el desierto iqueño.
Remigio Huamán, un peruano en pos del título de la más dura maratón. Derecha, Rachid El Marabity, cinco veces ganador de La marathon des sables, en el desierto iqueño.

El desierto de Ica quizá sea el más bello del mundo. La cercanía del mar, la vecindad de los Andes, la reverberación del sol sobre las arenas y sus dunas sensuales, le confieren matices cromáticos, táctiles y aromáticos inigualables. Tal escenario geográfico posee además el incalculable valor de haber albergado desde hace milenios a las culturas prehispánicas más deslumbrantes de esta parte del mundo.

Es allí que tiene lugar por primera vez, desde el pasado martes, la versión sudamericana de la famosa Marathon des Sables (Maratón de las Arenas) que desde 1986 se realiza en el desierto del Sahara, en Marruecos, al norte de África. Se trata de una de las carreras más duras del mundo y en ella participan los mejores ultramaratonistas del planeta. Comporta seis etapas que acumulan 250 kilómetros durante siete días.

El francés Patrick Bauer tenía 28 años cuando en 1984 decidió internarse solo en el desierto del Sahara, “cual un náufrago voluntario”, en sus propias palabras, llevando al hombro una mochila de 35 kilos con alimentos y bebida, previendo que no encontraría en su enceguecedora ruta ni oasis ni paraje hospitalario. Le tomó 12 días atravesar a pie 350 kilómetros de desierto y al término de esa proeza le obsedía el deseo de crear una competencia con similares desafíos.

Podría decirse que se trata de la “nostalgia francesa del desierto”, pues esa nación cuyos mismos hijos la llaman “la dulce Francia”, pareciera una tierra protegida por las amigables colinas de Los Alpes y Los Pirineos, por las aguas mansas del Mediterráneo y el balcón del Finisterre, y las campiñas de todo su hexágono, como si estuviese al amparo de lo abismal y descomunal. Y puesto que alguna vez les perteneció casi media África y casi todo el Sahara, y que aquella arcadia colonial la perdieran luego de la posguerra y la liberación de Argelia, se entiende que sean atraídos hacia el infinito mar de arena y hacia los bosques calcinantes del África.

La expectativa en esta versión está puesta en el ya legendario marroquí  Rachid El Marabity, cinco veces ganador de la competencia y el favorito para vencer también en esta ocasión; y en nuestro compatriota, Remigio Huamán, que ganó en octubre pasado la llamada “Media maratón de las arenas” realizada en Fuenteventura, Islas Canarias, y quinto en abril pasado en Marruecos. Siempre puede haber sorpresas y cosas nuevas bajo el sol de Ica.

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